miércoles, julio 27, 2005

De cosas falsas

El placer del pseudónimo reside en no sentirse unido, de manera personal, a lo que se dice o hace. Por ejemplo tenemos el caso de Tony Kaye en la película "American History X", el cual evidencio el uso de pseudónimos en los créditos de Hollywood cuando actores, actrices o directores no se sentían a gusto con la película. Múltiples escritores han usado pseudónimos, desde el caso de las colaboraciones de Bioy y Borges, hasta los casos en que se ha supuesto que Thomas Pynchon no es un nombre verídico. También nos encontramos en la música con el caso del grupo Gorillaz, donde todos sus miembros son dibujos animados que presentan personalidades y ocupaciones dentro de la banda, pero no vemos a Damon Albarn, vocalista de Blur, quien ha cedido su personalidad al dibujo denominado Murdoc.

Así que los pseudónimos son un derecho, una escapatoria o un elemento que usan algunos para esconder sus palabras detrás de la voz de un personaje. Lejos de intentar verlo desde un punto de vista ético, creo que se debe considerar que cada uno de nosotros tenemos un derecho a la personalidad, ya sea la de cajón o una inventada.

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