29/5/11

Instrucciones para escribir una columna cultural


1. Evite, sea como sea, parecer una columna de opinión. Recuerde que la estupidez del lector de suplementos culturales es apenas superior a la estupidez del columnista.

2. Recuerde constantemente su naturaleza underground, posmoderna, apocalíptica, irreverente y todo adjetivo que se le pueda anexar a su débil personalidad.

3. Repita constantemente su lugar de origen, que la gente entienda que no es que usted haya nacido así, fue la maldita frontera que lo convirtió en este guiñapo ultraísta que ahora escribe en
un suplemento para sobrevivir.

4. Parezca irónico. Si no sabe lo que es la ironía, no se preocupe, tarde o temprano la notará a su alrededor.

5. Jamás olvide porque le dieron premios literarios, no fue por su talento literario, fue por su manejo del slang, el pr0nlit y todo los demás detalles pintorescos que el entorno literario no entiende por anacrónicos. Así logrará darle al mundo lo que necesitan de usted, un montón de basura escrita con cursivas.

6. Escoja cuidadosamente su tema, que sea lo suficientemente ruidoso para que sus lectores lo hayan notado en la sección de cultura de su periódico, pero que al mismo tiempo sea flexible; de esta manera nadie notará que de verdad no tiene idea de lo que usted está hablando.

7. Utilice MAYÚSCULAS para dar a notar sus ideas, de esta manera dejará pensando al lector promedio sobre lo reveladora que resulta su frase sin que se note que probablemente lo hizo aleatoriamente para parecer inteligente.

8. Hable de sus viajes y los miles de eventos que ha presenciado, sus millas acumuladas darán validéz a sus ideas frente a los lectores.

9. No diga nada, no importa lo que pase, no diga nada.

10. Si se ve forzado o urgido a decir algo, hable mal, de todo y de todos, así de menos quedará claro que usted es el único absolutamente capaz de reconocer la mala literatura.


Esto lo tenía en mi otro blog, ahora lo tenemos aquí

16/5/11

Monsieur Pain





En la apertura de Monsieur Pain este Bolaño que lo explica todo nos cuenta que ganó con esta obra dos concursos en España. Después nos interpela el apetito literario diciendo que a pesar de haber ganado tantos otros premios después aquellos los recuerda con un cariño especial, les llama premios búfalos y cualquiera que haya leído algo sobre Roberto Bolaño debe conocer las anécdotas de su supervivencia a base de premios y accesits. Pero lo que Bolaño no dice, supongo que porque no le resulta tan importante o porque resultará muy obvio al pasar de los años, es que Monsieur Pain es, por encima de otras obras con más nombre o más premios, un vistazo clarísimo de lo que serían después Los detectives salvajes y la interminable 2666.

Monsieur Pain es probablemente la obra menos rígida de todo el universo Bolaño. Una novela oscura, húmeda en todo momento, en un París sin importancia, rodeado de personajes esotéricos por ausencia y no por acción, se convierte en la clave más importante para el lector de lo que después traería consigo la narrativa que convertiría al chileno en un paréntesis largo y tendido en la literatura hispana. A pesar de los personajes robustos que construye en novelas como Nocturno de Chile o en Pista de Hielo, los personajes que habitan esta novela son mucho más un trazo de carboncillo que irá tomando forma conforme el lector imagine lo que la novela está tratando de decir y que después se verá aderezado por el formato que Bolaño da al epílogo de la obra.

Quizá lo más interesante en Monsieur Pain son los viajes trasatlánticos que Bolaño da entre la realidad, el sueño, la alucinación o la percepción alcohólica en la que cae su personaje principal. Estos viajes se convertirán en capítulos enteros de 2666 o en diatribas complejas en Los detectives salvajes. Será esta y no otra la clave de la obra bolañista que será estudiada por sus discípulos. Ahí, donde la realidad carece de toda importancia para la narrativa es donde Roberto Bolaño construirá el universo que después nos atrapará y nos dejará pensando en lo triste que resulta su ausencia en estos días tan paupérrimos para la narrativa en español.

6/5/11

Syrup de Max Barry





Encontré los primeros dos libros que leí de Max Barry en mis escapadas a Books books books. El primero era Company, una novela sobre el absurdo del mundo corporativo. El segundo era Jennifer Government una novela semi steam punk sobre el día en que las marcas sean nuestros dueños. La tercera que leí, que por gracia es la primera del autor, es Syrup. Una novela sobre marketing, amor y la forma en que nos meten el puño hasta por las orejas.

Max es un autor al que le gusta la prosa simple. Aunque a todos mis amigos hispanos esto les parezca algo grotesco yo tengo que decir que me resulta un alivio y me produce una tranquilidad que me permite leer sus novelas en dos o tres días como máximo. Barry tiene una visión del mundo en el que vivimos y entiende el consumo como única motivación real para hacer cualquier cosa . Las buenas noticias son que teme explotar el tema hasta que alguno de los dos se agote.

En Syrup los personajes van girando como pequeños trompos de apizaco. Primero hacía un lado, después hacía el otro, y ya entrados en gastos no dejan de girar sobre su propio eje hasta que el lector comprende casi todo ángulo posible de sus graciosas tonterías. Leer a Max Barry es un balde de agua fresca para cualquier lector, es la oportunidad de ir por ahí deslizándote en paisajes que si bien podrían ser de cualquier autor, por ser de Max Barry resultan únicos y entretenidos.

2/5/11

Lo peor de todo




Ray Loriga es un tipo raro. A veces me recuerda todo este españolismo ochentero que por más curioso que me parezca resulta un poco aburrido después de un tiempo. Después, me hace pensar en la literatura norteamericana, un poco en Hunter S Thompson y a veces, casi de rebote, me recuerda a David Foster Wallace. Quizá por esto Ray Loriga es un escritor español imprescindible.

Lo peor de todo es una narración simple, un libro escrito por ahí de 1992 y redescubierto tras su edición en Alfaguara España. Es la historia de un tipo, uno de esos que recuerdan a Caulfield o a esos personajes iniciáticos míticos que todo escritor construye en algún momento; pues bien, este es el tipo que primero es niño y después es adulto y que por momentos parece contar cosas que a nadie le importan pero las dice con tanta calma y tanta desfachatez que el lector se ve completamente atorado en la lectura.

Lo peor de todo no es una novela mítica, ni siquiera será una novela muy importante, pero sin duda es un libro entretenido, con ciertas claves que ayudan a entender ciertas cosas que al autor le parecen importantes un poquito mejor. Aunque a veces me gustaría entender este tono nihilista que tienen tantos personajes de la literatura hispana. Igual alguno de ustedes me ayuda.