lunes, septiembre 12, 2016

La familia no existe, son tus papás

Durante unas semanas puse en mi muro de Facebook una advertencia a todo aquel que promocionara, apoyara o impulsara la famosa Marcha por la familia so pena de bloqueo. En privado, y antes de ser bloqueados, recibí críticas importantes a mi capacidad como persona para respetar las ideas de otras personas en un medio democrático como es Facebook. Por principio Facebook no es un estado democrático como pareciera que muchos de sus usuarios piensan. Facebook es una comunidad regulada que determina sus propias reglas y que se ve obligada por la legislación internacional vigente a informar a sus usuarios de dichas reglas y las penalidades que faltar a las mismas acarrea.  Todos los usuarios de Facebook aprueban dichas reglas y prometen comportarse dentro del marco de las mismas durante su estadía digital en la red social.

Siguiendo con aquello de que no respeto las ideas de las personas esto es cierto. No tengo ninguna obligación social, ética o moral para respetar las ideas de aquellos con los que no estoy de acuerdo, por otro lado creo que soy una persona absolutamente comprometida con el derecho que tienen otras personas a tener esas ideas que no respeto. ¿Qué quiere decir? Creo que es bastante simple, estoy a favor de que las personas tengan las ideas y creencias que les plazca pero también creo que expresarme de manera directa o indirecta esas ideas es una aceptación tácita a la posición que yo elija tener sobre las mismas. Mi muro de Facebook es un lugar donde yo tengo la libertad de determinar qué quiero ver, compartir, escuchar o leer y bajo ninguna circunstancia esto me obliga a mantenerme al margen de iniciativas que considero dañinas o perjudiciales para mis intereses individuales y sociales. En poquísimas palabras: no tengo porque soportar a nadie que no quiera soportar.

Creo que la marcha por la familia representa los intereses más oscuros de la derecha hipócrita mexicana que a su vez piensa tener la capacidad legal, social o moral de determinar que ciudadanos son de primera categoría y los que pertenecen a categorías inferiores. La marcha por la familia fue una manifestación por la limitación de derechos fundamentales a ciudadanos basado en su orientación sexual o género. La familia no es una figura fija e intransitable, durante la historia de la humanidad se ha utilizado la palabra familia para definir muchas micromanifestaciones sociales que engloban una relación de parentesco legal o emocional directo que conlleva libertades y responsabilidades entre sus miembros. Una familia no es la composición de un hombre y una mujer bajo la figura jurídica del matrimonio y con la descendencia directa de los mismos. El catolicismo y sus variantes se han apropiado de la idea de familia como piedra angular en la conformación de sus bases ideológicas. Así como se han apropiado del agua, del vino, la resurrección, la cruz y la región de Judea. Sin embargo el agua no es solo aquel líquido que beben los católicos, las cruces no son exclusivamente un símbolo del gran misterio de su religión y en la región de Judea no todos eran apóstoles de Cristo.

No estoy en contra de que los católicos adopten estos símbolos y los transfiguren para conformar su propia mitología, me parece un derecho fundamental de los católicos el determinar de manera consistente sus propias retóricas y personajes imaginarios para explicarse el universo como mejor les convenga. Esto obviamente aplica a todas las religiones del mundo. Mi problema comienza cuando los representantes de una ideología intentan imponer la configuración de la misma en ámbitos que no les competen. Los derechos humanos están ahí para levantarse por encima de las mitologías sociales y regular la convivencia de todos aquellos que somos diferentes. Si un ser humano tiene derecho a respirar todos lo tenemos, si un ser humano tiene derecho a procrear todos lo tenemos, si un ser humano tiene derecho a formar una familia como mejor le parezca todos lo tenemos. Los derechos y obligaciones son para todos y cualquier intento por delimitarlos es una agresión directa y frontal para todos.

Todo mundo tiene derecho a vivir a vivir la vida como mejor le parezca siempre y cuando ese mejor parecer no obstruya o impida el parecer de sus pares. La existencia de familias monoparentales no impide la existencia de familias heteronormativas e incluso la existencia de niños sin responsable o tutor. Las iglesias no son instituciones ni deben ser representadas de tal forma ante todos aquellos que no compartan los contratos sociales generadas al interior de las mismas. México, desde la Reforma, es un país laico y como tal debe sostener su identidad jurídica y fundamental para todos aquellos sin importar su religión, credo, preferencia sexual o género. En este sentido es vital que todos los ciudadanos comprendamos la importancia de mantener principios de equidad a través de los derechos humanos que nos corresponden como miembros de la raza humana. Para mi cualquiera que quiera limitar el ejercicio de tales derechos está en contra de mi mismo sin importar si la persona que soy se ve afectada por dicha propuesta de limitación de esos derechos. En la continua transformación social e ideológica de los seres humanos es fundamental evitar que cualquier minoría por serlo deje de verse representada en los derechos fundamentales, al contrario, toda sociedad debe ser juzgada por su capacidad para representar a las minorías en el cuerpo jurídico que los rige.

Es en este particular punto que considero una obligación apremiante evitar que se siga intentando limitar los derechos fundamentales de los seres humanos. Así como exijo que se le permita a los católicos mantener una ideología retrógrada y mitológica, exijo que estos no puedan atentar contra el derecho de los otros para hacer uso de las leyes vinculantes a todos los miembros de este país. En la existencia de estos derechos es que reside nuestro futuro como una sociedad capaz de vivir en paz y supuesta armonía. Hoy parece que los miembros de la iglesia católica comienzan a imaginarse este país dividido entre ciudadanos de primera y de segunda, donde el estado se ve incapacitado para sostener la certeza jurídica que al mismo le fue conferida como responsabilidad y dejando en manos de los ciudadanos la responsabilidad de no retroceder ni un paso ante estos grupúsculos elevados por su propia mitología que atentan contra los derechos por los que se ha derramado tanta sangre para conseguir.

El respeto no reside en dejar que se diga cualquier cosa, el respeto reside en asumir que cada quien tiene derecho a pensarlo pero no a imponerlo ni manifestarlo cuando atente contra los derechos humanos. La importancia de que los ciudadanos nos comprometamos públicamente con la idea combatir estas ideas que buscan limitar las posibilidades y derechos de nuestros pares. Esta no es una batalla por las minorías, esta no es una batalla a favor o en contra del género o preferencia sexual de las personas. Oponerse a la marcha por la familia es defender nuestros derechos fundamentales y garantizar que será el estado quien norme el comportamiento de los ciudadanos, por encima de las mitologías o fantasías de unos cuantos que trastocan sus propios fundamentos para inmiscuirse en la vida pública de este país. Esto, no nos equivoquemos, es una batalla que debe ser afrontada más temprano que tarde si no queremos encontrarnos en unos años dentro de alguna de estas minorías que hoy nos pueden resultar lejanas pero que a fines prácticos son clave para comprender que en este país y a los ojos de la ley, todos tenemos que ser iguales.