jueves, agosto 25, 2016

Socialismo Inc

Sistema de organización social y 
económica basado en la propiedad y
 administración colectiva o estatal de los medios 
de producción y distribución de los bienes.

Definición de Socialismo 



Hagamos una lista de palabras:

Contrato colectivo de trabajo
Sindicato
Patron
Administradores
Distribución equitativa de la riqueza
Salarios controlados
Seguridad Social
Servicios médicos
Equidad
Competitividad

Si presentáramos esta lista a un especialista en geopolítica seguramente nos diría que todas ellas caben en el campo semántico del socialismo. En realidad estoy de acuerdo en esta supuesta afirmación pero tendría que decir que en realidad todas estas son características de la liga deportiva más exitosa en la historia de la sociedad organizada: la NFL. La liga profesional de futbol americano, que irónicamente existe en Estados Unidos, es la muestra más viable y concreta para demostrar que un modelo socialista consensuado entre las partes puede ofrecerse a si misma como una transformación viable del capitalismo neoliberalista actual. ¿Dije ya la palabra ironía?

Resulta curioso pensar que la idea de socialismo, que genera una serie de conflictos políticos y culturales en Estados Unidos, pueda ser aplicada e instrumentada de manera casi impecable en uno de los mayores símbolos del capital norteamericano: las ligas deportivas profesionales. A diferencia de la NBA o la MLB, la NFL se rige por un sistema equitativo que permite mantener la competitividad en los 32 equipos que la conforman. Año con año la liga produce billones de dólares en ganancias que se reparten de manera equitativa entre los equipos, esta es la razón por la que una ciudad como Green Bay puede competir con Dallas en un domingo cualquiera.

La NFL no se rige por expandir la pobreza entre sus miembros, al contrario, es una liga diseñada para aumentar progresivamente las utilidades que genera el espectáculo y mantenerse en acuerdo con los jugadores para la repartición de las mismas. Este acuerdo se realiza entre los dueños de los equipos y los jugadores utilizando como mediador a la liga. Es decir, en la NFL los patrones y los obreros representan dos partes que equitativamente se aproximan a las negociaciones asumiendo que existirá un árbitro neutral llamado Comisionado. Si bien ambas partes tienen un interés equitativo en las negociaciones se mantiene una separación entre las expectativas de la repartición de las utilidades que la liga genera. Por un lado los equipos defienden su posición como empresarios que deben generar una ganancia neta y directa a sus bolsillos, por el otro lado los jugadores se reconocen como los medios de producción y por lo tanto la única opción viable para que dichos empresarios generen recursos. Por un lado están los patrones inversionistas y por el otro los medios de producción que asumen, ante el claro éxito del producto final, que se tiene que llegar a un acuerdo que beneficie a ambas partes.

La figura del Comisionado resulta vital para explicar el éxito del modelo de negocios. Para la existencia de este sistema se requiere que tanto obrero como patrón reconozca que el comisionado será la figura que rija sus relaciones comerciales y de comportamiento. Esta renuncia por ambas partes permite la equidad en las posibilidades de cada negociación. Si bien el Comisionado es la figura que sostiene el equilibrio, su constitución sería el CBA (Collective Bargain Agreement) que en realidad es un contrato colectivo de trabajo que mantiene por escrito los acuerdos generales y particulares por los que la relación se regirá. Cada uno de estos contratos ha sido cuestionado por los medios, los jugadores y los dueños de distintas formas a través de la historia de la liga. Invariablemente se considera que alguno de los lados sale perdiendo en cada negociación. Sin embargo, la liga se sostiene sobre estos acuerdos hasta que expiran porque, ahí está el gran detalle, los CBA no son eternos y por lo tanto cada vez que la expiración del CBA se acerca los cimientos de la liga se cimbran y todo mundo se prepara para lo peor: una huelga o impasse que evite que la NFL entregue su producto a los espectadores como normalmente sucede.

¿Pero qué rige el CBA? Este contrato entre patrones y empleados regula de manera global e integral cada posible escenario que se presente en su determinada duración. El CBA por ejemplo, regula los salarios de los jugadores imponiendo un tope salarial a los equipos, evitando así que los que tengan más dinero puedan romper la equidad frente a los equipos más pequeños. Es claro que el PIB de una pequeña ciudad como Buffalo, NY no puede equipararse a una ciudad como Miami, FL pero en el campo de juego ambos son capaces de competir en cualquier circunstancia. ¿Por qué? Simple, Miami y Buffalo pueden gastar un máximo idéntico y deben gastar por encima de un mínimo idéntico en salarios de sus jugadores. Al mismo tiempo, ambos equipos reciben una parte idéntica de las ganancias que genera la liga de manera integral. Claro que este modelo solo funciona cuando hay suficiente riqueza para repartir y si somos honestos más de un equipo de la NFL genera más riqueza que algunos países del tercer mundo. Otro de los temas trascendentales del CBA es que regula el comportamiento de ambas partes. Desde el consumo de PED (Performance Enhanced Drugs / Esteroides) hasta el código de ética, este documento pone reglas muy claras sobre la imagen pública de la liga. Una vez más, es el Comisionado quien ejerce esta disciplina pero el proceso puede ser apelado por ambas partes y en algunos casos hasta llegar a un juez federal especialista en el documento cuyo mandato resulta definitivo. Una vez más, es este código de comportamiento el que genera discrepancias entre ambas partes sobre el mandato del Comisionado pero en última instancia es siempre el CBA el código que determina la viabilidad o no de las decisiones de esta figura.

Es claro que la NFL no es perfecta, ni como sistema ni como liga deportiva, pero también es muy evidente que si existe la perfección el sistema adoptado actualmente para mantener la equidad entre las partes es lo más cercano que hemos estado de observar dicha perfección. Casos como el black out (sistema que obliga a suspender la transmisión del partido en el área del local si este no logra vender el 85% de las localidades en el estadio) son decisiones que a la larga han beneficiado directamente al espectáculo aunque generen cierta animadversión entre los jugadores, dueños y espectadores. La NFL todos los domingos de su temporada presenta un producto exquisito y equilibrado que sostiene continuamente su capacidad histriónica y épica generando riqueza para todas las partes. Hay cientos de detalles más que podría mencionar sobre la equidad en la liga, muchos datos y anécdotas que podrían ilustrar a detalle cada instancia pero creo que el tema de la selección colegial de jugadores ejemplifica a la perfección el diseño socialista de la NFL.

Cada año los 32 equipos de la liga pasan por un proceso de selección de jugadores llamado Draft. En este proceso cada equipo tiene un lugar específico durante las 7 rondas que dura la selección de los jugadores que provienen de las ligas no profesionales de futbol americano colegial en Estados Unidos. El orden de selección está determinado pero puede ser intercambiado por los equipos en absoluta libertad para obtener otro lugar de selección o bien, jugadores a cambio. Los equipos no intercambian dinero entre ellos aunque cada jugador tiene un cierto valor al igual que cada ronda del Draft. Obviamente la selección 1 del Draft es mucho más valiosa que la selección 22 o la 135 puede superar a la 200. El orden se determina de la manera más democrática y socialista posible: el peor equipo del año anterior elige primero y el mejor (ganador del Super Bowl) elige al final de cada ronda. Finalmente, en el último CBA, se instauró un sistema de tabulador para el pago de salarios de para novatos que provienen del Draft en un esfuerzo de los veteranos por evitar que la mayor parte del dinero de los salarios fuera a parar a manos de jugadores que eran excitantes promesas pero no siempre realidades. ¿Por qué los veteranos buscaron esta decisión? Simple, una selección de primera ronda podía aterrizar un contrato de 70 millones de dólares sin haber jugado un solo partido mientras que un jugador establecido podía percibir hasta un 50% menos. En la NFL te pagan por tu talento o bien puedes lanzarte a la agencia libre a buscar otro equipo al final de tu contrato.

¿Por qué los electores norteamericanos están dispuestos a aceptar el socialismo como el sistema de su entretenimiento predilecto pero evitarán a toda costa verlo en el Salón Oval? No lo sé. Es una de esas contradicciones que sorprenden a cualquiera que analice los datos de nuestro vecino del norte. Pero lo que más me sorprende es ver que la NBA y la MLB se niegan a adoptar este mismo sistema que ha probado más allá de toda duda razonable ser una mina de oro. ¿El resultado? La NFL día con día supera el margen de las demás ligas profesionales de Estados Unidos en crecimiento de recursos, ratings y cuota de mercado. Es simple, el secreto de la liga es el mejor guardado en el mundo: el puto socialismo puede funcionar.

jueves, agosto 18, 2016

#VotaPorMatrix

                                                                                                   

You know, I know this steak doesn't exist. I know that when I put it in my mouth, 
the Matrix is telling my brain that it is juicy and delicious. 
After nine years, you know what I realize? 
Ignorance is bliss.  

Cypher



El mundo que percibimos no es el mundo en que vivimos. La experiencia de vida de un adolescente de 18 años en un bar en Nueva York no es la misma experiencia que un adolescente de 18 años en Siria. Al menos eso creemos, la idea de concepción que podemos arrastrar del mundo nos dice que un chico en Nueva York y un chico en Siria no pueden tener la misma experiencia debido a las circunstancias geopolíticas en las que viven. La realidad es que esas experiencias no son importantes, no en un sentido trasversal de importancia al menos. Moviéndonos de lo particular a lo general ambas son experiencias de un chico de 18 años y ese campo semántico, por ponerlo de alguna forma, determina ciertos aspectos de identidad que pueden trasladarse hasta decir que sus experiencias son similares y por lo tanto pueden ser estudiadas desde un ángulo primitivo. Las dos experiencias son reales, al menos eso creen los dos.

The Matrix es la película de mi generación, seguida posiblemente de Fight Club por la importancia cultural que sostienen en la identidad delimitada por la verbalización que las aptitudes tecnológicas traen consigo. En otras palabras, todo mundo tiene una opinión de The Matrix en mi generación. Neo es el Han Solo de los míos, Morpheus es nuestro Yoda y Trinity es nuestra Lara Croft (resulta extraño pensar que para encontrar una figura épica heroica femenina tenga que recurrir a los videojuegos). Pero en realidad, ¿Qué es The Matrix? The Matrix es una simulación satisfactoria que conduce las aspiraciones de sus participantes para evitar que descubran que se encuentran en una simulación. The Matrix no es el mundo real.

El sentido de autenticidad que trajo consigo la película marcó profundamente a mi generación. Creo firmemente que una buena parte de los fanáticos de The Matrix han votado por un candidato que a todas luces es igual de inepto que los otros pero que trae consigo la etiqueta de auténtico. Aunque se trate de un auténtico imbécil la importancia de la sensación que produce estar frente a la autenticidad es suficiente para otorgarle el control de nuestra vida geopolítica. Si, lo estoy diciendo, creo que la gente que le gustó The Matrix puede votar por Donald Trump o Andrés Manuel López Obrador dentro de los siguientes 48 meses. Es en este punto donde me pregunto si en realidad mi generación sería capaz de reconocer que estamos mucho más cerca de Cypher que de Neo. Aunque parezca que la verdadera búsqueda de Neo es la realidad, por ende auténtica, es Cypher quien mejor se aproxima a esta característica. Cypher conoce The Matrix y conoce el mundo real y, dado que cuenta con ambas herramientas por al menos una tercio de su vida racional, toma una decisión educada en la que elige refugiarse en la simulación. Cypher no es épico, pero no por eso podemos dejar de lado que lo fue o que en algún punto de su vida fuera de The Matrix compartió los ideales de Morpheus con la misma intensidad que Neo. Cypher nos da a entender que en algún punto Morpheus pensó que él era el elegido y después ya no. Si Morpheus podía equivocarse eso le daba a Cypher toda razón posible para dudar sobre todo lo demás. Incluida su relación con lo auténtico. Cypher no era un farsante.

Esta búsqueda por lo real, por lo auténtico, por la cosa que si es lleva a toda mi generación en una búsqueda intensa por estos adjetivos. Si hubiera que definir una característica única de la literatura que nos comprende podríamos afirmar que al menos esperamos que se considere auténtica. No importa si es bueno o malo, lo auténtico tiene un peso específico inevitable para los nacidos en los 80’s. Es extraño pensarlo pero nuestros padres vivieron en The Matrix sin rebelarse, excepto algunas contadas excepciones que claramente tomaron la píldora roja, el resto asumieron que la simulación era satisfactoria. Después llegamos nosotros y asumimos que era mucho más importante vivir en un mundo postapocalíptico de mierda siempre y cuando pudiéramos distanciarnos de las generaciones anteriores asumiendo que nosotros si vivíamos la cosa real. Finalmente está la generación que nos sigue, la generación que tiene al alcance de sus manos ambas experiencias y que elige, claramente, regresar a la simulación con la esperanza de cambiar las reglas de la misma como si esta fuera una posibilidad más allá de aprovechar los pequeños errores del sistema.

Nuestra relación se sostiene desde la capacidad que tenemos para considerarnos outsiders y mucho más importante, ignorar toda generación anterior que considere haber logrado lo mismo. Si nuestros padres trataran de explicarnos que su experiencia fue mucho más real que la nuestra los miraríamos con la superioridad moral de quien se siente capaz de enmarcar experiencias entre lo real y lo simulado y simplemente diríamos: eso te hace creer The Matrix. ¿Cómo logras constituirte desde esa superioridad? ¿En que sentido te sientes capaz para extrapolarte de la sensación de que tú eres tus padres para tus hijos? No lo sé. Creo que como generación nuestra relación con la búsqueda de lo real, aunque sea una mierda, parece justificar cualquier decisión que tomamos. Trabajos de mierda, políticos de mierda, literatura de mierda, televisión de mierda, relaciones de mierda, pero todas y cada una de ellas es real, tan real como el plato de potaje que Mouse se atreve a cuestionar a bordo de la Nabucodonosor y que al final se pregunta si no sabe a pollo porque el pollo sabe a cualquier cosa. Por eso los que se reinsertaron en The Matrix nos miran con la ironía de quien no entiende nada y puede que tengan razón. Es posible que nuestra relación con lo real sea tan absurda como suena, puede que simplemente seamos otra manifestación de la anomalía y que esa anomalía sea la regla más estricta del sistema. Goldstein bañado en píldoras azules mientras baila Chumbawamba en una tardeada al sur de la ciudad.

domingo, agosto 14, 2016

La medalla de la soledad

Veo deportes todo el tiempo. Eso significa que me siento experto en deportes y que considero cualquier opinión ligeramente desinformada una afrenta personal. Cada equis número de años se presenta una justa deportiva con características idiosincrásicas distintas y que por ende definen el espíritu y lo que se espera de dicha justa. El Superbowl, la copa del mundo, la eurocopa, la copa América, los Grand Slam, el mundial de Rugby, las finales de la NBA, la Champions,  las olimpiadas y hasta la serie mundial tienen su propia identidad y sus propios méritos. Consumo una buena parte de mi vida viéndolos todos o al menos todo lo que se puede ver de cada uno en la comodidad de un sofá café. El deporte demanda mucho tiempo de sus espectadores y sus espectadores demandan mucho de su deporte.

Por desgracia vivo en un país donde el deporte es una farsa. No quiero decir que los deportistas mexicanos sean unos farsantes, al contrario, en muchos casos son jóvenes comprometidos con sus disciplinas que hacen lo mejor que pueden dadas las circunstancias que tienen. En este caso particular me gustaría decir que circunstancias no sólo se circunscriben a instalaciones, inversión o temas financieros y de entrenamiento, el principal problema de las circunstancias del deportista mexicano son las exigencias y las expectativas. Así como todo futbolista sabe que sus piernas cargan las esperanzas de un país, todo atleta olímpico sabe que “mejoré mi marca personal” es la salvaguarda de todas las circunstancias. En lo particular este tema de las exigencias y expectativas es la razón por la que el nivel de inversión, atención, instalaciones y cobertura mediática recae como una piedra de 8 toneladas sobre el futbol. El futbol es el epicentro de la visión social de México. El resto de los deportes no superan la importancia coyuntural de algún evento magno donde, si el deportista tiene lo que se necesita y logra un buen resultado, habrá chispazos de atención hacia esa disciplina. Una buena parte del tiempo a los mexicanos les importa una mierda si las instalaciones de los clavadistas son las adecuadas o si nuestros levantadores de pesas cuentan con el equipo necesario.

Supongamos por un momento que lo que acabo de decir suena injusto. Digamos por el bien de este párrafo que el deporte como un entorno debería repartir de mejor manera el dinero público y por ende las expectativas y exigencias. Honestamente, y si nos bajamos del tren del mame un segundo, esperar equidad en el deporte es ser imbécil. El principio básico del deporte es romper la equidad, la meta de todo deportista o conjunto que compite es levantarse por encima de los demás competidores y recibir el máximo reconocimiento a la diferencia: el primer lugar. Cada justa olímpica se habla de Joaquín Capilla, hay unas instalaciones deportivas que llevan su nombre y seguramente en alguna ciudad habrá una avenida con su nombre. Pero Joaquín Capilla no es relevante. Es más, algún lector seguramente en este instante está googleando el nombre de Joaquín Capilla para no sentirse fuera de la conversación, háganlo, la historia de Joaquín Capilla es increíble, pero por más increíble que nos parezca sigue siendo absolutamente inútil al tema del deporte mexicano. Joaquín fue un tipo que sobresalió por sus propios medios y méritos en un país donde sobresalir no es la expectativa o la exigencia.

La ausencia de eventos y ligas profesionales en México proviene de la poca importancia que los espectadores le dan a dichos deportes. Si bien el basketball es un deporte muy practicado en México, la realidad es que una buena parte de estos aficionados no pagarían un boleto por ver un partido de jugadores nacionales cuando tienen la NBA al alcance de su tele. Las competencias de clavados internacionales en México son ignoradas por la masa crítica de fanáticos, el futbol americano colegial ha perdido rápidamente su brillo en las gradas y hasta la liga mexicana de baseball tiene problemas para llenar estadios en la Ciudad de México donde hay 20 millones de habitantes. Pero el futbol tiene los ratings más altos y la mayor asistencia a los estadios en relación costo/beneficio por boleto. Eso provoca que cuando una clavadista tira 7.5 en las olimpiadas no sea ni la mitad de relevante que cuando la selección pierde con Corea del Sur en el partido clave de la eliminación olímpica. Sin embargo si uno pone atención a las redes sociales, recomiendo ampliamente no hacer eso, suena como si la clavadista y el futbolista debieran tener el mismo soporte financiero y estructural por parte de las confederaciones  e instituciones deportivas del país. De hecho, la clavadista recibe mucho más dinero por parte del estado que el futbolista, el futbol es un programa autosustentable y los clavados no. La realidad es que nadie puede determinar la atención, emoción e involucramiento de los aficionados en un deporte.  Así como resulta imposible definir que la estructura y apoyo financiero de un estado produce deportista de élite.

Claro que ayuda, es decir un adolescente que compite en una disciplina por la que nadie pagaría un boleto tendrá mejores posibilidades si recibe apoyos y becas por parte del estado que uno que no. Pero asumir que dichos apoyos garantizarían que el adolescente forme parte de la élite del deporte es no saber nada de deporte. Asumir que Usain Bolt se convirtió en el hombre más rápido  del planeta por la increíble inversión y estructura de la hermana república de Jamaica es absurdo, pensar que los etíopes y asiáticos rebasaron a México en la caminata como deporte por las estructuras y apoyos financieros es ridículo. En Rio 2016 países como Bielorrusia, Kazajistán, Puerto Rico, Irán, Kenia, Vietnam, Uzbekistán, Fiyi, Kosovo, Malasia, Kirguistán consiguieron antes que México una medalla olímpica. Ninguno de estos países invierte más que México en apoyo y estructura para la competición. Los deportistas de estos países consiguieron medallas porque tuvieron algo que los deportistas nacionales no, una exigencia y expectativa mucho mayor. En pocas palabras lo desearon más, se preparan mejor, se sacrificaron más. Julius Yego, keniata campeón mundial de lanzamiento de jabalina, aprendió a lanzar la jabalina viendo videos de Youtube. No estoy diciendo que de ver videos de Youtube llegó a ser campeón mundial pero es claro que hoy en día hay al menos 3 jóvenes mexicanos que reciben algún tipo de ayuda del estado en esta disciplina y que nunca calificarán a unos Juegos Centroamericanos, donde la competencia se limita mucho. ¿Por qué? Porque no tienen lo que se necesita. Una buena parte del dinero que el estado invierte en disciplinas olímpicas tendría que dedicarse a destruir sueños, a orillar a estos jóvenes a encontrar su verdadera vocación, a desearlo lo suficiente. La realidad es que muchos programas deportivos estatales son clubes de participación democrática donde el simple interés por formar parte es suficiente para entrar.

Esta no es una diatriba a favor del estado y en contra del deportista mexicano. Es obvio que sería maravilloso contar con una estructura burocrática funcional donde el dinero que se invierte en realidad mejore las posibilidades de los deportistas en mi país. Pero la realidad es otra, la realidad es que estas federaciones e institutos son hogar de corruptos e imbéciles que no sienten ningún apego por el deporte o por su viabilidad. Esa es la realidad de este país pero quiero creer que también es la realidad de algunos de los países con medallistas olímpicos. No somos los únicos que viven esta situación. Lo que me preocupa es que esa apatía política ha impregnado a los competidores que lejos de envalentonarse por la falta de apoyos y usar la rabia que produce la impotencia como motor para competir se suben al avión con la justificación para la derrota en el equipaje. Deportistas que compiten por debajo de su nivel en el momento más importante y que en la zona mixta de medios tienen preparada la lista de inconvenientes que tuvieron que sortear para llegar y competir. El deporte olímpico es el hogar de las historias más increíbles de superación y lucha, probablemente sea el último hogar de la épica mundial donde las hazañas quedan en la memoria de todos los espectadores. Los juegos olímpicos son eso, la puerta al olimpo, a la inmortalidad de sólo aquellos que lo desearon lo suficiente. Hoy México no tiene lo necesario, aunque en cuestión de federaciones y estructura nunca lo ha tenido, para competir y vencer, no tiene lo suficiente para subir al podio y mirar con esa ligera superioridad a sus rivales y volverse eternos. Porque al final esa es la diferencia entre unos deportistas y otros, ese oro colgado en el cuello que significa que no hay paridad que no hay equidad, que eres el mejor.