23/1/15

Angustia


Esta cosa, la forma en que las constelaciones te hacen sentir. La complejidad del testigo porque el testigo tiene el valor condicional de un mueble. Se resume a esto: si observas es porque no participas y si no participas es porque no estás involucrado, aunque la noción de estar involucrado sea lo único que necesitas para estar en paz, en armonía. Las estrellas tienen ese efecto, quizá, a mil millones años luz, se esté gestando la piedra que concluirá nuestra presencia como especie dominante en este planeta. Quizá se gestó hace mil años y el día sea mañana, eres el testigo de tu propia muerte enfriándose conforme transita el vacío espacial. Desde esa perspectiva el pensamiento abstracto es válido, trascendental, es la única manifestación viable de los millones de conciertos a los que asistes con sólo mirar al cielo. Posiblemente eso es todo lo que comprendemos por manifestación natural, la suma de las imperfecciones con las que la naturaleza coloca en su exacta magnitud la vida. Suponiendo que la naturaleza es la única fuerza no racional de este planeta, podemos acordar con ella que su sentido de ironía está muy desarrollado. ¿Quieres sentirte miserable? pasa los dedos por una mesa hecha de madera real, date el tiempo de encontrar cada arruga, imperfección, corte, desviación y canal que el tiempo alojó sobre este material que aún ahora, industrializado, encuentra la forma de manifestar su magnitud y hacerte sentir en tu justa medida. La justa medida siempre es miserable.

Pero no se trata sólo de eso, aunque esa cosa se manifieste continuamente sin dar una tregua a la reflexión o a la muerte, asumiendo que la muerte es la dosis correcta de vida, aunque esa cosa que te disminuye a tu mínimo común denominador cuando te enfrentas a la manifestación de la vida no sirva realmente de nada, la autocrítica es inútil, es una autolaceración que palpita pero no vive. Aunque seamos capaces de emular la conciencia máxima sobre el universo, esto no deja de ser un simulacro, un petardo cargado en pólvora que a lo más se lleva consigo una mano o algunos dedos. Comprender la insignificancia es también una pretensión de magnificencia, es sentarse frente a un espejo y asumir que el tú abarca el reflejo, la pretensión de la intimidad que produce verte a ti mismo y sólo poder reducirte a ti mismo sin ejercer el acto más grande de conciencia posible, todo lo que puedes observar es otro. Asumiendo que la otredad sea un símbolo del yo, o que el yo sirva de algo para la composición del otro que si bien en el espejo es esclavo de la dinámica de observarse, en la fotografía y la pintura manifiesta finalmente su autonomía orgánica al cortar todo lazo posible con el origen de la imagen. Tú no eres necesario para que exista una imagen de ti. Aún más lejos, esa imagen de ti en ninguna forma eres tú, ni siquiera cuando eres tú el único que pudiera ser capaz de percibirla. Supongamos por un instante que también eres un testigo de ti y como testigo no estás involucrado, aunque estar involucrado fuera lo único que podría traerte paz o permitirte evolucionar hasta algo más que un acto reflejo de la conciencia que trata de permear la naturaleza orgánica de todo lo que te rodea. Supongo que por eso el concreto, máxima intervención humana del entorno, es liso, tan liso como sea visiblemente posible.

Entonces se fragmenta todo lo posible, porque si pensamos que la otredad, el desconocimiento del otro inicia en la imagen tendríamos que pensarlo dos veces, no existe mayor ignorancia que nuestra propia composición. Suponiendo que entonces la falta de conciencia de la naturaleza genere la indulgencia con que las manifestaciones orgánicas se ignoran a si mismas en sus propias características. El árbol no sabía que estaba compuesto de anillos concéntricos en una superficie rugosa que puede desmoronarse en pequeños fragmentos que agreden al tacto, mucho menos entendería que aún bajo el procesamiento industrial estas características intrínsecas al material se sostienen en la mesa que hemos mencionado antes y que ni siquiera por azar podrían concebir que esas pequeñas características que sobreviven al proceso natural e industrializado pueden generar la angustia de la nimiedad en quién es capaz de percibirlas, narrarlas o describirlas hasta el hartazgo como un proceso de terapia que irá disolviéndose conforme dicha angustia desaparezca. Si mi reflejo no es mío, aunque pueda verlo, mucho menos la composición carbónica, atómica, orgánica, entrañable que me constituye y que haría sonrojar a cualquier inteligencia superior que descubriera que todos los días convivo con la otredad de mi reflejo, de mi imagen y que al mismo tiempo ignoro por completo lo que me compone en términos orgánicos, ya ni siquiera en términos emocionales, complejos, racionales, de angustia. Ignoro el color de mi hígado aunque pueda asumir que no debe ser distinto a la imagen que encuentro de un hígado en cualquier lugar, porque la sorpresa que produce la mucosa que de mi propio organismo y que si bien para mi no va más allá de la forma en que este organismo reacciona a la vida, pero que esa misma vida me es imposible de considerar porque no conozco su ausencia, su pausa, su mínimo común denominador. El árbol no sabe qué es árbol así como yo soy incapaz, en realidad, de saber que soy yo. Ni siquiera en las manifestaciones más pseudofilosóficas, pseudomágicas y pseudomusicales, ya que entonces la ironía es la única aproximación de respuesta a todas estas preguntas, levantar los hombros y decir soy tan ignorante de mi mismo como lo soy de todo lo demás y sin embargo he dedicado cada instante que poseo a transformarlo todo porque es esa transformación lo único que me permitiría acercarme, ya no a mi mismo desde la otredad, sino al significado que eso tendría que tener conforme la angustia me absorbe en un ciclo que no puedo detener, ni manifestar de otra manera que no sea poniéndome por encima de ella, como hago con mi reflejo.

Porque la cosa, como tal, no es nada. Pero esa palabra nada se recompone constantemente hasta formar una idea común que desaloje la ignorancia de su propia concepción y se autorregule hasta ser una idea ligera que se aloja durante un rato y que después podrá ser borrada con cualquier manifestación grandilocuente de mi propio yo. Aunque ese yo en realidad siempre se trate del todos que recompone mi presencia aquí como una especie dominante y no como un individuo cuya fragilidad se manifiesta en algo tan simple como el paso del tiempo. Proponiendo que el tiempo sea un lenguaje, las imágenes serían sus adjetivos y las manifestaciones orgánicas de características individuales algo más parecido a los sustantivos dinámicos que recomponen constantemente la forma en que ese lenguaje se utiliza al nivel de una comunicación. Considerando también que, para que esa comunicación exista, requiere de un interlocutor válido y que pueda desarrollarse intelectual y dialécticamente a la velocidad del emisor que en este caso se considera tan grande que podríamos, en poco tiempo, asumir que el tiempo, dado el tiempo es todo. Con esas consideraciones, podríamos recurrir a la salvaguarda que nos significa asumir que si el tiempo es una lengua, esa lengua está muerta hace mucho tiempo y que asimilarla sólo es un intento más por manifestar una complejidad que no se puede comparar con la existencia continua de un flujo donde navegamos como pequeñas rémoras que tarde o temprano serán expurgadas para dar lugar a otras que quizá sólo fomenten pequeñísimas características únicas que resultarían increíbles una vez industrializadas y que si se miran con atención sólo son un sinónimo de imagen, renunciando a que cualquier pensamiento sobre esa imagen conduce al yo.

Ya en esos instantes, la angustia comienza a disolverse conforme la respiración va retomando un cause mucho más armónico con la respiración de aquellos que a mi alrededor se manifiestan en confianza sin sospechar por un instante que su propia imagen, tan ajena e irónica me convence de otras miles de posibilidades que conviven entre el organismo que se manifiesta y la forma en que puedo ser capaz de percibirlos. Como si todo este asunto de irme reduciendo en este flujo, irme petrificando como rémora añorando la nunca confirmada posibilidad de transformarme en un fósil que se sostenga más allá de la imagen que manifestaba en vida, la otredad que me angustiaba a cada instante y que al final terminaría en una transformación carbónica que serviría para que unos otros cuantos testigos del futuro pudieran recombinar sobre sus mentes, privilegiadas o no, que yo fui una pequeña característica única que se manifestó de manera orgánica sobre el flujo que me correspondía y que ahora al alcanzarles en esta forma pudiera estar manifestando, de manera inequívoca y racional, la angustia que debería generarles ser sólo testigos de mi ínfima existencia.

Sólo espero que para entonces encuentren un buen árbol que les cubra la capacidad de considerar, con el mínimo común denominador que a estas horas y mirando a las estrellas, llamamos sombra.

10/4/14

Mi tía Delfina.

Yo no tuve muchos adultos favoritos cuando era niño. En realidad puedo contar a unos cuantos y algunos dejaron de ser mis favoritos conforme fui creciendo. Mi tía Delfina fue mi favorita toda la vida. Cuando era niño y  era mi tía que daba los mejores regalos del mundo, cuando fui adolescente y me daba la certeza de que uno podía pensar lo que quisiera y ser feliz. En ella cabía toda la felicidad del mundo. Ahora soy un adulto y mi tía Delfina ha muerto, me lo dijeron en la comida frente a mis compañeros de trabajo y segundo a segundo la tristeza me iba invadiendo. Supongo que habrá algo de reciprocidad y sentiré tanta tristeza como sentí alegría cada vez que mi tía Delfina andaba por ahí, cerca de nosotros. ¿Saben? Era como un motor de risas, un grifo abierto de buena onda, una caja de chispitas de locura. Esta es la peor edad de todas, es la edad en que tus adultos favoritos se van a otra parte y te dejan con la sensación de que te toca relevarlos. Te toca a ti convertirte en el adulto favorito de alguien.

23/3/14

Rambo




Ítaca a lo lejos,
Ítaca como un objeto que duerme tranquilo en tu mesa de noche,
La paulatina mordacidad con que las hojas se esparcen en el piso
Un mapa que se descubre ante tus ojos y, en la interpelación del tiempo,
Tus dedos se llenan de tierra mientras acumulan fragmentos organizados.
¿Tiene sentido el cajón donde reposas tus temores?
Conforme el viaje se acelera, tu pulso determina centímetro a centímetro
El trazo de la barriga de tu barco, como si de eso se tratara todo,
Como si pudieras volver a casa y encontrar el buzón con el nombre de tu padre,
La espalda lacerada y el trópico inundando tu laringe,
Toses, toses, expectas el pecho a lo largo de una vereda que se tiende como río
Que ocupa en tu cabeza el lugar de un océano que satisface el vaso que pones antes de dormir.
Pequeño John, eres un viejo que muere a todas horas, entre todos sus recuerdos,
Eres una hojarasca de piel remozada sobre piel calcinada, sobre piel.
Ítaca se ha convertido en un suburbio de casas iguales,
De muertes iguales, cilindros que adormecen los sillones.
¿Qué hace tu cuchillo flotando sobre la el macramé de tu buró, John?
Como un faro de luz que se levanta en medio de la selva,
Tu brazo alcanza todas las noches la cruz de acero que te sirve de sombrero
Y rezas, como te enseñaron los mongoles que adormecías eternamente en tu viaje,
Nunca hubo Penélope en tu alcoba John, por eso las brisas te parecen humaredas
Fingidas de un hidrógeno fulgor, casa como muerde casa al perro que se larga,
Nadie dijo que Ítaca sería un lugar tan aburrido, tan absuelto,
Tan repleto de ministros y fanáticos de ese dios que huye cuando la primera flecha
Se atraganta en el murmullo de un niño que cruzaba la franja de tierra equivocada.
Estás ciego, tan ciego como se puede estar cuando la luz se te confunde por mañanas
En que anhelas que amaneces a la puesta del sol, con tus brazos ardiendo como mazos terribles,
Como muérdagos que penden de un hilo ante los dedos de otra Dafne.
De eso se trata todo, de volver un día y narrarse a lo largo de los barrotes que promulgan las ventanas,
De los negros que avecinan las tormentas con sus cantos inasibles, morirías si los sigues John, bien lo sabes.
Y ahí, la mesa de noche es el último buque de guerra a tu alcance,
Sus rieles que permiten que abras y cierres un ciclo de ligamentos donde guardas las postales,
Donde guardas las estrellas que te dieron por repartir la muerte en dosis moderadas.
Tú, asesino, soldado, hermano, hijo, nunca amante,
Te irás muriendo como todos los cadáveres que vuelven a Ítaca
Convencidos de estar llegando a casa.

17/9/12

20 cosas que usted quería saber sobre el libro digital y nunca se atrevió a preguntar

Lo primero es pensar en el libro. Objeto. Entretenimiento. Vehículo de información. Objeto.
Lo segundo es preguntarse si el libro en papel es distinto al libro electrónico.

Lo tercero es abrocharse el cinturón y analizar detenidamente los siguientes veinte puntos.
Por último, lo importante es que lea, olvide y lea.

  1. El concepto de que todo debe ser gratis se lo debemos a la televisión. La caja nos enseñó que si existe un contenido, noticia, concepto o entretenimiento debe ser nuestro por apropiación, no por consumo.

2. El libro electrónico presenta soluciones a los problemas de los lectores pero no a los problemas de los grandes grupos editoriales.

3. Por piratería debemos entender la industria criminal que se dedica a reproducir copias no autorizadas de un producto para obtener beneficios económicos.

4. El libro electrónico es un formato digital. Los formatos no tienen la culpa de nada.

5. Hace mucho tiempo que la industria editorial hace oídos sordos a las necesidades de sus consumidores.

6. En cualquier sistema capitalista se reconoce que el consumidor obtendrá su producto de una u otra manera.

7. Existe una brecha moral, ética y social entre los creadores de los contenidos y los distribuidores de los mismos.

8. Nadie puede negar una relación directa entre la caída de los salarios y el aumento de consumo de copias ilegales de los productos.

9. El libro electrónico permite alcanzar un mayor número de lectores a un menor costo. Por alguna razón la industria del libro está en contra de este concepto.

10. Hace más de veinte años que el verdadero negocio de la industria editorial está en la administración de los derechos de autor y no en la producción de libros.

11. El consumidor piensa en el creador como una especia de Rico McPato que nada en dinero mientras que él tiene que arreglarselas con unos cuantos dólares para poder hacerse de los productos que le interesan.

12. ¿En qué momento se pensó que era una buena idea llamar a tus consumidores ladrones o piratas?

13. En una editorial gana más dinero un abogado que un editor.

14. El lector quiere más libros y a mejores precios. Eso no es una sugerencia, es una orden.

15. Los autores por fin pueden contemplar una opción distinta para hacer dinero con sus contenidos. Si tuvieran una buena relación con sus editores esta idea no les cruzaría por la cabeza.

16. De cada libro que se vende el 10% es para el autor. El resto se utiliza para costos, inversión, promoción y para pagarle a una horda de zanganos que no ayudan en nada al producto final.

17. Vender libros electrónicos es posible. Siempre y cuándo se respete al autor, al editor y al consumidor. Esta cadena de respeto lleva mucho tiempo rota.

18. México ha renunciado a ser un país de lectores. A pesar de esto, la gente sigue leyendo sin ponerse a considerar a la crítica o a la industria.

19. Actualmente nos corresponde hacer frente al cambio de formato, entre el físico y el digital, facilitar el tránsito del libro y reconciliarnos como universo alrededor del libro es una obligación que no podemos seguir posponiendo.

20. Las reglas del juego funcionaron los últimos 100 años. No funcionarán más. Es momento de sentarse y pensar realmente en lo mejor para una industria que podría ver este cambio como un apocalipsis individual.

¿Ha leído usted?

¿Ha pensado?

Va por buen camino.


http://201.148.53.39/literaturarevista/?p=306

25/11/11

Inch by inch, fuckers





I don’t know what to say really.

Three minutes,
to the biggest battle of our professional lives,
all comes down to today.

Now either,
we heal as a team,
or we’re gonna crumble.

Inch by inch,
play by play,
till we’re finished.

We’re in hell right now, gentlemen.
Believe me.

And,
we can stay here and get the shit kicked out of us.
Or,
we can fight our way back … into the light.

We can climb out of hell.

One inch, at a time.

Now, I can’t do it for you.
I’m too old.

I look around, I see these young faces and I think,
I made every wrong choice a middle age man can make.

I pissed away all my money, believe it or not.
I chased off anyone who’s ever loved me.
And lately, I can’t even stand the face I see in the mirror.

You know, when you get old in life,
things get taken from you.
That’s part of life.
But, you only learn that when you start losing stuff.

You find out life’s this game of inches.
So is football.
Because in either game,
life or football,
the margin for error is so small.

I mean,
One half step too late or too early,
and you don’t quite make it.
One half second too slow, too fast,
you don’t quite catch it.

The inches we need are everywhere around us.
They’re in ever break of the game.
Every minute, every second.

On this team, we fight for that inch.
On this team, we tear ourselves, and everyone else around us to pieces for that inch.
We claw with our finger nails for that inch!

Because we know,
when we add up all those inches,
that’s gonna make the fucking difference between winning and losing!

Between living and dying!

I’ll tell you this:
In any fight,
it’s the guy who’s willing to die
who’s gonna win that inch.

And I know,
if I’m gonna have any life anymore,
it’s because, I’m still willing to fight and die for that inch
Because that’s what living is!
The six inches in front of your face!

Now I can’t make you do it!
You gotta look at the guy next to you.
Look into his eyes!

Now I think
you’re gonna see a guy
who will go that inch with you.
You’re gonna see a guy
who will sacrifice himself for this team
because he knows when it comes down to it,
you’re gonna do the same for him.

That’s a team, gentlemen.

And, either we heal – now! – as a team!
Or we will die as individuals.

That’s football guys.
That’s all it is.

Now, what are you gonna do?


Any Given Sunday, Al Pacino

12/11/11

Acapulco

Pues me gané el Acapulco en su tinta.

29/5/11

Instrucciones para escribir una columna cultural


1. Evite, sea como sea, parecer una columna de opinión. Recuerde que la estupidez del lector de suplementos culturales es apenas superior a la estupidez del columnista.

2. Recuerde constantemente su naturaleza underground, posmoderna, apocalíptica, irreverente y todo adjetivo que se le pueda anexar a su débil personalidad.

3. Repita constantemente su lugar de origen, que la gente entienda que no es que usted haya nacido así, fue la maldita frontera que lo convirtió en este guiñapo ultraísta que ahora escribe en
un suplemento para sobrevivir.

4. Parezca irónico. Si no sabe lo que es la ironía, no se preocupe, tarde o temprano la notará a su alrededor.

5. Jamás olvide porque le dieron premios literarios, no fue por su talento literario, fue por su manejo del slang, el pr0nlit y todo los demás detalles pintorescos que el entorno literario no entiende por anacrónicos. Así logrará darle al mundo lo que necesitan de usted, un montón de basura escrita con cursivas.

6. Escoja cuidadosamente su tema, que sea lo suficientemente ruidoso para que sus lectores lo hayan notado en la sección de cultura de su periódico, pero que al mismo tiempo sea flexible; de esta manera nadie notará que de verdad no tiene idea de lo que usted está hablando.

7. Utilice MAYÚSCULAS para dar a notar sus ideas, de esta manera dejará pensando al lector promedio sobre lo reveladora que resulta su frase sin que se note que probablemente lo hizo aleatoriamente para parecer inteligente.

8. Hable de sus viajes y los miles de eventos que ha presenciado, sus millas acumuladas darán validéz a sus ideas frente a los lectores.

9. No diga nada, no importa lo que pase, no diga nada.

10. Si se ve forzado o urgido a decir algo, hable mal, de todo y de todos, así de menos quedará claro que usted es el único absolutamente capaz de reconocer la mala literatura.


Esto lo tenía en mi otro blog, ahora lo tenemos aquí

17/5/11

De Guttenberg al e-Book




Este domingo en Bellas Artes. Los espero.

16/5/11

Monsieur Pain





En la apertura de Monsieur Pain este Bolaño que lo explica todo nos cuenta que ganó con esta obra dos concursos en España. Después nos interpela el apetito literario diciendo que a pesar de haber ganado tantos otros premios después aquellos los recuerda con un cariño especial, les llama premios búfalos y cualquiera que haya leído algo sobre Roberto Bolaño debe conocer las anécdotas de su supervivencia a base de premios y accesits. Pero lo que Bolaño no dice, supongo que porque no le resulta tan importante o porque resultará muy obvio al pasar de los años, es que Monsieur Pain es, por encima de otras obras con más nombre o más premios, un vistazo clarísimo de lo que serían después Los detectives salvajes y la interminable 2666.

Monsieur Pain es probablemente la obra menos rígida de todo el universo Bolaño. Una novela oscura, húmeda en todo momento, en un París sin importancia, rodeado de personajes esotéricos por ausencia y no por acción, se convierte en la clave más importante para el lector de lo que después traería consigo la narrativa que convertiría al chileno en un paréntesis largo y tendido en la literatura hispana. A pesar de los personajes robustos que construye en novelas como Nocturno de Chile o en Pista de Hielo, los personajes que habitan esta novela son mucho más un trazo de carboncillo que irá tomando forma conforme el lector imagine lo que la novela está tratando de decir y que después se verá aderezado por el formato que Bolaño da al epílogo de la obra.

Quizá lo más interesante en Monsieur Pain son los viajes trasatlánticos que Bolaño da entre la realidad, el sueño, la alucinación o la percepción alcohólica en la que cae su personaje principal. Estos viajes se convertirán en capítulos enteros de 2666 o en diatribas complejas en Los detectives salvajes. Será esta y no otra la clave de la obra bolañista que será estudiada por sus discípulos. Ahí, donde la realidad carece de toda importancia para la narrativa es donde Roberto Bolaño construirá el universo que después nos atrapará y nos dejará pensando en lo triste que resulta su ausencia en estos días tan paupérrimos para la narrativa en español.

6/5/11

Syrup de Max Barry





Encontré los primeros dos libros que leí de Max Barry en mis escapadas a Books books books. El primero era Company, una novela sobre el absurdo del mundo corporativo. El segundo era Jennifer Government una novela semi steam punk sobre el día en que las marcas sean nuestros dueños. La tercera que leí, que por gracia es la primera del autor, es Syrup. Una novela sobre marketing, amor y la forma en que nos meten el puño hasta por las orejas.

Max es un autor al que le gusta la prosa simple. Aunque a todos mis amigos hispanos esto les parezca algo grotesco yo tengo que decir que me resulta un alivio y me produce una tranquilidad que me permite leer sus novelas en dos o tres días como máximo. Barry tiene una visión del mundo en el que vivimos y entiende el consumo como única motivación real para hacer cualquier cosa . Las buenas noticias son que teme explotar el tema hasta que alguno de los dos se agote.

En Syrup los personajes van girando como pequeños trompos de apizaco. Primero hacía un lado, después hacía el otro, y ya entrados en gastos no dejan de girar sobre su propio eje hasta que el lector comprende casi todo ángulo posible de sus graciosas tonterías. Leer a Max Barry es un balde de agua fresca para cualquier lector, es la oportunidad de ir por ahí deslizándote en paisajes que si bien podrían ser de cualquier autor, por ser de Max Barry resultan únicos y entretenidos.

2/5/11

Lo peor de todo




Ray Loriga es un tipo raro. A veces me recuerda todo este españolismo ochentero que por más curioso que me parezca resulta un poco aburrido después de un tiempo. Después, me hace pensar en la literatura norteamericana, un poco en Hunter S Thompson y a veces, casi de rebote, me recuerda a David Foster Wallace. Quizá por esto Ray Loriga es un escritor español imprescindible.

Lo peor de todo es una narración simple, un libro escrito por ahí de 1992 y redescubierto tras su edición en Alfaguara España. Es la historia de un tipo, uno de esos que recuerdan a Caulfield o a esos personajes iniciáticos míticos que todo escritor construye en algún momento; pues bien, este es el tipo que primero es niño y después es adulto y que por momentos parece contar cosas que a nadie le importan pero las dice con tanta calma y tanta desfachatez que el lector se ve completamente atorado en la lectura.

Lo peor de todo no es una novela mítica, ni siquiera será una novela muy importante, pero sin duda es un libro entretenido, con ciertas claves que ayudan a entender ciertas cosas que al autor le parecen importantes un poquito mejor. Aunque a veces me gustaría entender este tono nihilista que tienen tantos personajes de la literatura hispana. Igual alguno de ustedes me ayuda.

26/4/11

Las teorías salvajes





Cada vez resulta más complicado hablar de una novela sin utilizar palabras como posmodernísmo, after pop, deconstrucción, introspección, sigilo... A veces se utilizan estas palabras por inercia, como si quisiéramos encontrar una obra maestra en cualquier disparate o bien, como si pudiéramos convencer a la gente de que cualquier disparate es una obra maestra. Aunque como pensaba hace unos minutos, probablemente las dos cosas sean un poco más sinónimos que antónimos y así de un lado como para el otro.

Antes que nada me gustaría decir que Pola Oloixarac sabe escribir. Esto lo digo con una certeza que me tranquiliza y me hace pensar que dentro de este laboratorio social que se ha vuelto la literatura protohispánica aún existe la obligación de saber escribir, de poder y de hacerlo sin pensarse mucho en que se va heredando o a quién se le rinde tributo conforme se cuenta una historia.

Las teorías salvajes es una novela inteligente. La autora no se contrae en ningún momento y cada que puede se desdobla con la soltura de su prosa para demostrar que no le teme a la deconstrucción, a la psicología, a la lexicología y muchas gías que si bien no valen de mucho actualmente para el ritmo que llevamos, se agradecen cuándo se plasman en la boca de unos cuantos personajes que se hacen memorables e insoportables al mismo tiempo.

Los nacionalismos y el género son dos temas que riman con fracaso en la literatura. Probablemente porque la honestidad detrás de estos dos objetos ideológicos se confunde constantemente con una sensación de neutralidad que resulta artificiosa a todas luces y que termina cansando al lector. Hay que darle las gracias a Pola por no haber caído en lo fácil en ninguno de los dos casos. Los personajes femeninos de Las teorías salvajes viven una riqueza constante conforme la novela nos permite conocerlas. Y si bien, seguro hay que darse una o dos vueltas por la Wikipedia para entender ciertos momentos trascendentales de la historia Argentina, esa Argentina que habita en este libro resulta una distinta de aquella que uno va conociendo por afinidad o asociación.

Las teorías salvajes ponen a Pola Oloixarac bajo el microscopio, bajo un obligatorio escrutinio constante, es al mismo tiempo una propuesta estética y una puerta que se abre y que ojalá no se cierre pronto. Editada en Argentina y en España, esta primera novela se vuelve un objeto de cacería obligado, una buena razón para el gasto de importación y al mismo tiempo un a partir de ahora, para las mujeres protohispánicas que llevan tanto tiempo fracasando en sus primeras, segundas y hasta terceras novelas. Las teorías salvajes es la prueba de que no existe necesidad alguna de escribir una pésima primera novela para abrirse camino e ir mejorando. Es un compromiso y una promesa de que esta otra literatura que fingimos no ver cada día se hace más potente. Al menos de mi parte me quedaré esperando la segunda aparición de Pola Oloixarac en el panorama literario.


PD

Si buscan una reseña más sesuda y un poco más extensa, les recomiendo esta

21/3/11

Who?

11/3/11

Electrocutando a un elefante




Electrocuting an elephant


Like mourners, or men setting out early for a duel,

they follow these six tons, this hunk of flesh,

muddy and whorled, this elephant they tried once to hang

because she killed three men and survived



their carrots laced with cyanide. Coney Island, 1903,

and the handheld camera that gets all of this down

is a clock for seeing, as Barthes tells us it ought to be,

the image forever ticking over as three men,



in sepia and near-silhouette, step through a vacant lot,

follow the lead of the burly handler, who carries

a sleek whip, a coil of rope, as he leads his charge towards

the spot where they will set two of her feet



in copper shoes. Think of the boy, who sat in front of you

that year in school, led by the ear to the corner

of the classroom because he couldn’t spell vengeance

after three turns. Think of the bull, three summers old,



pulled by the horns towards the place of sacrifice

so that bees might rise up out of its pooled blood.

And this too must be the way they took Bartholomew

after he made the King’s brother deny his gods—



one guard gripping the prisoner’s left arm and the three others,

who follow, unable to muster a single word

as they march down the main street of their village

towards the blue edge of the Caspian Sea,



where they will dispose of this son of Tolomai,

taking turns to open him with knives. What do they think

as they sulk after the condemned, this trinity,

who are not quite men yet despite their pristine uniforms,



or these others like extras from one of the first westerns

with their hats and mustaches, their say-nothing expressions

that barely make it beyond the ground sand of the lens

and onto this reel that unravels as I find myself



thinking again about that boy who, in Scoil Muire,

sat in the front row of those battered desks

with the defunct inkwells the dry hinges that opened

into a box to store your books? This time he’s reeling off



the names of birds. He makes a fist and hammers it

against his skull to bring forth robin redbreast, stonechat, crow,

while the rest of us raise our hands with what we think

are the right answers and hold our breaths trying not to laugh.



The truth is, I can’t remember his name, only the way

his clothes reeked of stale milk and hay, and how

his father once tied a frying pan between the legs of their mongrel

to discourage it from running after cars. I’d like



to whisper this story into the ear of the keeper

before the film goes any further, before they reach

the spot where a crowd waits, impatient,

shifting from foot to foot. I’d like to tell him how,



after those four boys have done their dirty work

and turned into something older than they were before,

Bartholomew becomes that figure above the altar

in the Sistine Chapel who holds up a tanner’s knife



and his own skin, another saint made patron

to those who wield the tools that worked his exit

from this world. And though it changes nothing,

I want to explain how, when the elephant falls, she falls



like a cropped elm. First the shudder, then the toppling

as the surge ripples through each nerve and vein,

and she drops in silence and a fit of steam to lie there

prone, one eye opened that I wish I could close.



Electrocutando a un elefante


Como los deudos, o los hombres que esperan al amanecer un duelo,

pasan estas seis toneladas, este amasijo de carne

lodosa y enroscada, de este elefante que una vez trataron de colgar

porque había matado a tres hombres y sobrevivido

a sus zanahorias bañadas en cianuro. Coney Island, 1903,

y la cámara en mano que graba todo el evento

es un reloj que mira, como Barthes nos dijo que tenía que ser,

la imagen siempre tintineando por encima mientras de los tres hombres

apenas dibujados en sepia, que caminan a través de un lote vacío

siguiendo al torpe manejador, que carga

un látigo reluciente, un rollo de cuerda, responsabilidad suya, mientras avanza

hasta el preciso lugar donde postrará dos de sus patas

en unos zapatos de cobre. Piensa en el chico, que sentado enfrente de ti

aquel año en la escuela, fue llevado de la oreja hasta la esquina

del salón de clases porque no pudo deletrear "venganza"

después de tres intentos. Piensa en el toro, con sus tres veranos de edad,

llevado por los cuernos hasta el lugar del sacrificio

para que las abejas puedan surgir desde el charco de su sangre.


Así también debió ser cuando se llevaron a Bartolomé

después de provocar que el hermano del Rey renegara de sus dioses

un guardia toma al prisionero del brazo izquierdo y otros tres,

lo siguen, sin pronunciar una sola palabra,

mientras marchan por la calle principal del pueblo

hacía la orilla azul del Mar Caspio,

donde dispondrán del hijo de Ptolomeo

tomando turnos para abrirlo con sus cuchillos. Qué pensarán

mientras sobajan al condenado, la trinidad

que no los hace hombres a pesar de sus uniformes prístinos

o esos otros que parecen extras de aquellos primeros westerns

con sus sombreros y sus bigotes, detrás de sus expresiones de no pasa nada

que apenas sobreviven más allá de la arena del suelo de la lente

y hasta este carrete que se revela cuando me sorprendo

pensando otra vez en ese chico que, en la primaria de Scoil Muire,

se sentó en la primera fila de los maltratados pupitres,

con los tinteros secos, ¿las bisagras secas se abrían

hasta convertirse en una caja para guardar tus libros? Esta vez está trata de recordar

los nombres de las aves. Cierra el puño y lo azota

contra su cabeza tratando de recordar petirrojo, tarabilla, cuervo

mientras el resto de nosotros levantamos la mano pensando

que tenemos la respuesta correcta y aguantando la respiración para no reírnos.


La verdad es que no puedo recordar su nombre, sólo la forma

en que su ropa olía a leche rancia y heno, y como

su padre una vez ató una sartén entre las patas del perro

para evitar que siguiera persiguiendo autos. Me gusta

susurrar esta historia al oído del guardián

antes de que la película avance, antes de que lleguen

al lugar donde la muchedumbre espera, impaciente,

saltando de un pie al otro. Me gustaría decirle como

después de que los cuatro tipos hicieron el trabajo sucio

y se hicieron un poco más viejos de lo que ya eran

Bartolomé es ahora una figura sobre el altar

en la Capilla Sixtina con el cuchillo de curtir

sobre su propia piel, otro santo patrón creado

por los instrumentos que provocaron su salida

de este mundo. Y aunque no cambiaría nada,

me gustaría explicar como, cuándo el elefante cae, cae

como un olmo. Primero el temblor, después la caída

conforme aumenta la convulsión sobre cada nervio y cada vena,

y el elefante cae en silencio y se queda como el vapor en el piso

postrado, con un ojo abierto que me gustaría poder cerrar.


Traducción apócrifa por su servidor

Poema leído en The Best of American Poetry 2008, Scribner Poetry y traído desde los States por el buen Luis Panini

28/11/10

Fscking Birthday






Pasé de adolescente a adulto irresponsable...

12/11/10

Amazon y la responsabilidad del editor.




Hace unos días parece que hubo un gran barullo en Amazon.com por la venta del libro "The Pedophile's Guide to Love and Pleasure: a Child-lover's Code of Conduct" Obviamente, por el título, podemos encontrarnos con un material de cuestionable contenido moral y ético. Amazon recibió a partir del descubrimiento del contenido una serie de recriminaciones por parte de los usuarios donde pedían que se retirara el libro y se acusaba a Amazon de promocionar o al menos facilitar la pedofilia.

El libro fue autopublicado, es decir, el autor lo subió a Amazon y éste permitió que el libro se vendiera. Dada la cantidad de libros que todos los días suben a la tienda digital de este gigante minorista es muy claro que resulta imposible revisarlos todos. Sin embargo, lo más interesante fue la primera respuesta de Amazon a todo este asunto: Nosotros apoyamos la libertad de elección de nuestros compradores. Es decir, Amazon apoya aquella frase que dice que el consumidor final siempre obtendrá su producto.

Esto es un problema de relaciones públicas e imagen para Amazon, nadie quiere verse involucrado con actividades ilegales y menos contra los niños. Pero más allá de esta obviedad, es muy interesante las preguntas que el asunto plantea ante el cambio de pardigma que representa el libro digital. ¿Es el librero el nuevo encargado de censurar los contenidos de los libros?

Claramente la noticia sobre la venta del libro de Amazon se propagó por la red como si fuera pólvora. En cuestión de horas el libro pasó de ser un objeto intrascendente que asqueaba a los consumidores a un objeto de curiosidad para los morbosos en la red. El tipo que escribió el libro ahora es un éxito de busquedas en Google. La gente sabe quién es, la gente sabe que existió ese libro y más importante aún, mucha gente lo compró sólo para saber que decía (incluida gente que sentía ofendida por el contenido) En pocas palabras, el libro pasó a la lista de los 100 más vendidos de Amazon.

A final de cuentas Amazon cedió, bajó el libro de su sitio y lo quitó de la lista de los más vendidos. Por supuesto, este gigante minorista conoce la regla de oro de internet: tu reputación lo es todo. Pero, ¿qué significa esto para el concepto de censura? ¿qué consecuencias acarrea a los editores la noción de que Amazon podría quitar tu libro para no comprometer su imagen? Y más importante aún: ¿Si Amazon, que es un gigante, cede a las presiones de las hordas de internet, qué puede hacer una librería cualquiera?

Durante mucho tiempo el libro ha estado a salvo de la censura, no era importante, no era trascendente y mejor aún, era ajeno a la gran mayoría de la gente que navega en la red. El paradigma en este sentido ha cambiado también, la censura no vendrá de los grandes gobiernos, la censura vendrá del pueblo, de los seguidores en twitter, de los usuarios de facebook, la censura será el resultado de violentar las costumbres de los usuarios de internet. Un lugar peligroso, si me permiten decir.

Durante mucho tiempo el libro ha sido hogar de ideas peligrosas, pero ahora el libro vuelve a circular y a darse a conocer entre los círculos mayoritarios, el libro vuelve a estar en la mira de la censura. No quiero que esto se tome como una defensa del libro que mencioné al principio, nada más lejano a la verdad. Pero este libro no es ni siquiera importante en la discusión, no tiene ningún peso dentro del futuro de las letras o del mundo, pero si plantea algunas preguntas interesantes con su aparición y su consecuente desaparición. Probablemente, como decía un amigo, el FBI esté feliz pues ahora tiene razón legal para poner en la lista de sospechosos a un montón de gente morbosa que se compró un libro a todas luces inmoral o falto de ética. Pero nosotros, los lectores, los editores, los libreros, ¿qué reflexión podemos sacar de todo este asunto?

26/10/10

Offline

Llevo varios días sin internet. Seguro, me he perdido de cientos de chismes y la llegada de los nuevos mesías de la literatura. Supongo que también me he perdido grandes momentos del porno y uno que otro post interesante. Ya no leo las noticias dos o tres veces al día ni estoy al tanto de los goles del Chicharito Hernández. Me siento como un Crusoe digital. Me siento renovado y al mismo tiempo tengo esta sensación de estarme ahogando en la abstinencia. Pero leo y escribo mas, también pienso mas y creo en mas cosas. Extraño, ser un Crusoe digital es muy parecido a ser un Crusoe de carne y hueso. Prefiero eso a ser un Bartleby digital.

26/9/10

Chronic City





Esta novela escrita por Jonathan Lethem logró lo que nadie había logrado. Desde las primeras películas, pasando por los libros, la música y las noticias, Nueva York siempre me pareció un escenario acartonado. Jamás pude comprenderla como una ciudad, al menos como las ciudades son para mi: organismos.

En Chronic City hay una ciudad alternativa, un organismo viviente que es a la vez universo y delirio de personajes como Tooth Perkus, Chase Insteadman o Richard Abneg. Estos personajes son la ciudad. Son testigos del delirio de un autor que con una narrativa sólida y honesta, sirve de guía de turistas, para un lector que no necesariamente tiene que comprender el cosmos de una ciudad que es al mismo tiempo una estructura y un espejismo.

Lethem se sirve de esta ciudad perteneciente al imaginario colectivo para demostrar que aún quedan historias alucinantes que contar. Nunca teme que su novela gire y se retuerza alrededor de los personajes, no es una narrativa tímida. Todo lo contrario. Cuándo Lethem siente que Chronic City se vuelve autocomplaciente permite que los personajes se delimiten a si mismos, lejos de una mano que podría resultar artificiosa, el autor permite que su ciudad organismo se manifieste ante el lector, aún el lector que olvida lentamente el Nueva York que parece salido de un musical de Broadway y se adentra en este otro que se siente como una extensión de un conjunto de personas.

La crítica social, en la narrativa norteamericana, siempre está en la boca de los personajes. Jamás en la estructura de la técnica literaria. Así, Lethem rinde culto a esta enorme tradición del escritor que no se compromete socialmente pero que no evita que sus personajes sean sólidos en sus creencias y en sus acciones. Esta habilidad del autor permite que Chronic City sea un tránsito paulatino por las células de la ciudad organismo y evita que el lector sea un simple turista alrededor de unas cuantas calles y anécdotas.

19/9/10

La importancia de si llamarse Ernesto




Durante la última Feria del Libro en Colombia se discutió lo que parece ser el tema más importante en el mundo editorial o, al menos, el que debería ser el tema más importante en el mundo editorial: el establecimiento del libro digital y de los lectores de libros digitales.

Podríamos decir que el término correcto sería "la próxima llegada del libro digital y de los lectores de libros digitales", pero decir eso sería viajar al pasado y establecerme en una colina que ya fue conquistada, reconquistada, urbanizada, destruida y construida de nuevo. Los libros digitales y sus respectivos lectores llegaron hace un rato al mundo editorial y se han establecido como un modelo de negocios no sólo redituable, sino que también plantea algunas preguntas que no se han planteado desde la llegada de la imprenta. Y tal como sucedió con la llegada de la imprenta, los puristas del libro se rasgan las vestiduras y defienden un romanticismo que nace de la ignorancia. La ignorancia de jamás haber visto un libro electrónico o jamás haber tenido un lector de libros electrónicos entre sus manos.

Suponer que el mercado editorial hispanoamericano es el único mercado editorial no sólo es un eufemismo, es una droga dura que se ha consumido por demasiado tiempo en los países de habla hispana y como toda droga, en cualquier momento causará estragos y se convertirá en un problema de salud pública. En este caso la salud que está en riesgo es la de todo el mercado editorial hispanoamericano como una entidad general, ni siquiera como una conjunción de todas sus partes. Sin embargo asistimos todos los días al vituperio del libro electrónico en función de un mercado que no ocupa ni siquiera el 50% del total de libros que se vende en el mundo. La frase: "el libro electrónico está a años luz del mercado hispanoamericano" es lo más cercano que hemos visto a la autofelación.

Nuestros vecinos sajones son listos. Siempre lo han sido. Antes de pensar en el romanticismo de las partes de un todo piensan en la salud financiera de un negocio. Por eso, ante la llegada del libro electrónico y sus respectivos lectores, la discusión se centró en la arquitectura y funcionalidades que estos debían de tener, en lugar de perder el tiempo en discutir si el formato es más importante que el contenido. En cuanto se lanzaron los primeros lectores, los adultos mayores (importante segmento de lectores en Estados Unidos y probablemente uno muy fuerte en México) se lanzaron felices al cambio. Por fin un dispositivo que facilitaría una de las pocas actividades que tenían por delante tras el retiro. Las funciones de aumento de tipografía, lectura en voz alta o diccionario integrado eran en sí una gran noticia para los lectores. Por supuesto, aquí jamás hemos escuchado hablar de estas funciones y sus ventajas porque la gran mayoría de los que hablan del tema jamás han tenido un lector de libros electrónicos en sus manos y aún consideran los PDF's documentos de lectura digital.

Perdone usted lector, tiene toda la razón. Antes del encuentro en Colombia sobre los libros digitales jamás habíamos escuchado del tema en Latinoamérica y lo que es peor, lo que hemos escuchado son un montón de conjeturas, mentiras sin olvidar el sonido que hacen las vestiduras al rasgarse. Pero no podemos sorprendernos, la edición en hispanoamérica jamás ha sido punta de lanza, jamás ha sido progresista o innovadora, siempre hemos estado un paso detrás de la industria editorial sajona y hoy estamos en el mismo lugar. Mientras en Estados Unidos utilizaban Adobe Creative Suite para formar libros aquí seguíamos tratando de vincular las partes de un libro mientras formábamos con Quark, en el mejor de los casos y en otros aún se editaba con Pagemaker o Word.

El editor hispanoamericano jamás evolucionó en publisher, al contrario, permitimos que las áreas comerciales se fueran apropiando lentamente de los espacios que antes pertenecían a los editores y después nos quejamos amargamente. ¿Marketing? esa palabra jamás se usará en una reunión de editores hispanos. Pero no nos desviemos del tema, el editor no sabe lo que es un lector de libros electrónicos, no sabe lo que es un libro electrónico y si jamás comprendió como se construye una industria alrededor del libro físico podemos asegurarles que tampoco entenderá como se construye una industria alrededor del libro electrónico. La primera prueba es el silencio que acompaña un fenómeno que no pedirá permiso antes de instalarse en nuestros hogares. Lo hará y si es necesario acceder al contenido de otros mercados porque nuestras editoriales aún nos exigen que compremos en papel, también sucederá.

Si el mercado hispanoamericano no se adecúa a los tiempos que estamos viviendo, alguien lo hará. Ya sea un editor independiente o un editor latino en Estados Unidos, alguien dirá: Hey vendamos libros al sur, ya que los del sur no se quieren vender entre ellos. Y entonces sí, caput, finito, sanseacabo, lo que alguna vez fue una industria sana se habrá convertido en cenizas. Mientras los editores hispanos siguen preguntándose si el libro electrónico será una realidad, el libro electrónico les pasará por encima. Discutir con los editores sobre la importancia de considerar al libro digital una opción es perder el tiempo, deberían ser los editores los más interesados en enterarse de lo que ha sucedido durante este su letargo. Ya ni hablar de los medios de discusión alrededor del libro que una vez más comprueban que de libros saben muy poco. Les gusta más el mundillo, les gusta más la chorcha, la peda, el eventillo y la presentación, les gusta la idea de decir que son editores en las reuniones y ante las jóvenes e impresionables poetas latinoamericanas. Pero si fueran editores, amantes del libro, sabrían que esto que está sucediendo pasará por encima de sus mercados si no transforman sus negocios y a sus autores.

En Colombia se ha tocado por primera vez el tema. En Latinoamérica el eco ha sido silencioso y casi muerto. En México la negación y la ignorancia son las posiciones que se toman frente a este asunto. En España aún están discutiendo si Libranda servirá de algo. ¿No sienten que nos estamos quedando con el papiro frente a la llegada de la imprenta? ¿No resulta tan obvio si lees tantito, si preguntas tantito? Quizá ahí está el problema, los editores aquí no queremos ser mejores, no queremos saber más, queremos que todo siga como hasta ahora para poder seguir disfrutando de este bizarro status quo.

3/9/10

Consejos de Chuck Palahniuk



Encontré estos consejos en la página de Chuck Palahniuk y me tomé la libertad de traducirlos para los lectores de este amable y nunca bien ponderado blog.



Número uno: Hace dos años, cuándo empecé a escribir el primero de estos ensayos, trataba sobre mi método "Temporizador" para escribir. Ustedes nunca vieron este ensayo, pero aquí está el método: Cuándo no quieras escribir, pon el cronómetro para una hora (o media hora) y siéntate a escribir hasta que el temporizador se agote. Si aún odias escribir, serás libre en una hora. Pero normalmente , para cuándo el temporizador llegue a cero, estarás tan envuelto en tu trabajo, lo disfrutarás tanto, que seguirás adelante. Quizá en lugar del temporizador, puedes poner una carga de ropa en la lavadora o en la secadora y utilizarla para cronometrar tu trabajo. Alternar la complicada tarea de escribir con el trabajo automático de lavar la ropa o los platos te dará los descansos que necesitas para tener nuevas ideas o aproximaciones a lo que ocurre. Si no sabes cómo continuar tu historia... limpia el baño. Cambia las sábanas de la cama. Por dios santo, sacude la computadora. Una mejor idea vendrá.

Número dos: Tus lectores son mucho más listos de lo que piensas. No temas experimentar con distintas formas y tiempos para contar tu historia. Mi teoría personal es que los lectores más jóvenes se alejan de la mayoría de los libros, no porque sean lectores más tontos que los anteriores, pero porque los lectores de hoy son más inteligentes. Las películas han hecho la narrativa más sofisticada y tus lectores serán más difíciles de sorprender que antes.

Número tres: Antes de sentarte a escribir una escena, mastícala en tu cabeza y averigua el propósito de esa escena. Qué elementos básicos traerá consigo la escena? Qué propondrá para escenas posteriores? Qué aporta la escena a tu trama? Ten estas preguntas en mente mientras trabajas, conduces o haces ejercicio. Toma algunas notas conforme las ideas vayan llegando, después, siéntate y escríbelas. No vayas a tu empolvada y aburrida computadora sin nada en la cabeza. Y no hagas que tu lector se arrastre por una escena donde no pasa nada.

Número cuatro: Sorpréndete a ti mismo. Si puedes llevar la historia, o bien la historia te lleva a ti, a lugares que te sorprendan, entonces puedes sorprender a tu lector. En el momento en que puedas ver las sorpresas "bien planeadas", también lo podrá ver tu lector.

Número cinco: Cuándo estés atorado, regresa a tus escenas iniciales, busca por personajes olvidados o detalles que puedas desenterrar como "pistolas enterradas". Cuando terminaba de escribir El Club de la Pelea, no tenía idea de que hacer con el edificio de oficinas. Pero, al releer la primera escena, me encontré con el comentario aleatorio sobre mezclar nitroglicerina y parafina para hacer explosivos plásticos. Esa pequeña tontería (la parafina nunca me funcionó) hicieron la "pistola enterrada" perfecta para resucitar y salvar mi narrativo trasero.

Número seis: Usa la escritura como un pretexto para dar una fiesta cada semana, aún si a esa fiesta la llamas taller. Cada vez que puedas pasar tiempo alrededor de gente que valora y apoya la escritura equilibrará las horas que pasas solo, escribiendo. Aún si un día logras vender tu trabajo, ninguna cantidad de dinero compensará el tiempo que has pasado solo. Así que toma tu "pago" por adelantado y convierte la escritura en una excusa para rodearte de gente. Cuándo tu vida se acerque a su fin, creéme, no voltearás para saborear los momentos que pasaste solo.

Número siete: Déjate llevar por la ignorancia. Este pequeño consejo viene desde un montón de gente famosa, a través de Tom Spanbauer llegó a mi, y ahora yo te lo doy a ti. Mientras más tiempo dejes que una historia tome forma, mejor resultará la forma al final. No te apresures o trates de forzar el final de una historia o de un libro. Todo lo que tienes que saber es la escena, o escenas, que vienen a continuación. No tienes que conocer cada momento desde el principio hasta el final. De hecho, si es así probablemente te aburrirás hasta la muerte al escribirlo.

Número ocho: Si necesitas más libertad alrededor de la historia, borrador tras borrador, cambia los nombres de los personajes. Los personajes no son reales y tampoco son una proyección tuya. Al cambiar arbitrariamente los nombres, logras mantener la distancia necesaria para torturar realmente a un personaje. O peor aún, borrarlo si es lo que la historia exige.

Número nueve: Existen tres tipos de discurso, no sé si esto es realmente Cierto, pero lo escuché en un seminario y me pareció que tenía sentido. Los tres tipos son: Descriptivo, Instructivo y Expresivo. Descriptivo: "El sol se levanta..." Instructivo: "Camina no corras..." Expresivo: "Ouch" La mayoría de los escritores de ficción sólo usan una, a lo mucho dos, de estos discursos. Usa los tres. Mézclalos. Así habla la gente.

Número diez: Escribe un libro que a ti te gustaría leer.

Número once: Tomate las fotografías para la solapa ahora, que aún eres joven. Consigue los negativos y regístralos en derechos de autor.

Número doce: Escribe sobre las cosas que realmente te importan. Esas son las únicas sobre las que vale la pena escribir. En su curso, llamado "Escritura peligrosa" Tom Spanbauer declara que la vida es demasiado preciosa para desperdiciarla escribiendo sobre historias que realmente no te importan. Hay muchas cosas que Tom dijo pero sólo una es la que recuerdo a medias: el arte de "manumission" que no puedo deletrear pero que entiendo como el cuidado que pones al mover a un lector a través de la historia. Y "sous conversation" que supongo que se significa esconder y enterrar el mensaje detrás de la historia principal. Como no estoy completamente cómodo al hablar de estos temas, sólo los entendí a medias. Tom accedió a escribir un libro sobre lo talleres y las ideas que ahí enseña. El título del libro es "A hole in the heart" y tiene planes de tener un borrador en junio de 2006 y publicarlo a principios de 2007.


Copyright del ensayo Chuck Palahniuk

La traducción puede ser utilizada y modificada