viernes, noviembre 12, 2010

Amazon y la responsabilidad del editor.




Hace unos días parece que hubo un gran barullo en Amazon.com por la venta del libro "The Pedophile's Guide to Love and Pleasure: a Child-lover's Code of Conduct" Obviamente, por el título, podemos encontrarnos con un material de cuestionable contenido moral y ético. Amazon recibió a partir del descubrimiento del contenido una serie de recriminaciones por parte de los usuarios donde pedían que se retirara el libro y se acusaba a Amazon de promocionar o al menos facilitar la pedofilia.

El libro fue autopublicado, es decir, el autor lo subió a Amazon y éste permitió que el libro se vendiera. Dada la cantidad de libros que todos los días suben a la tienda digital de este gigante minorista es muy claro que resulta imposible revisarlos todos. Sin embargo, lo más interesante fue la primera respuesta de Amazon a todo este asunto: Nosotros apoyamos la libertad de elección de nuestros compradores. Es decir, Amazon apoya aquella frase que dice que el consumidor final siempre obtendrá su producto.

Esto es un problema de relaciones públicas e imagen para Amazon, nadie quiere verse involucrado con actividades ilegales y menos contra los niños. Pero más allá de esta obviedad, es muy interesante las preguntas que el asunto plantea ante el cambio de pardigma que representa el libro digital. ¿Es el librero el nuevo encargado de censurar los contenidos de los libros?

Claramente la noticia sobre la venta del libro de Amazon se propagó por la red como si fuera pólvora. En cuestión de horas el libro pasó de ser un objeto intrascendente que asqueaba a los consumidores a un objeto de curiosidad para los morbosos en la red. El tipo que escribió el libro ahora es un éxito de busquedas en Google. La gente sabe quién es, la gente sabe que existió ese libro y más importante aún, mucha gente lo compró sólo para saber que decía (incluida gente que sentía ofendida por el contenido) En pocas palabras, el libro pasó a la lista de los 100 más vendidos de Amazon.

A final de cuentas Amazon cedió, bajó el libro de su sitio y lo quitó de la lista de los más vendidos. Por supuesto, este gigante minorista conoce la regla de oro de internet: tu reputación lo es todo. Pero, ¿qué significa esto para el concepto de censura? ¿qué consecuencias acarrea a los editores la noción de que Amazon podría quitar tu libro para no comprometer su imagen? Y más importante aún: ¿Si Amazon, que es un gigante, cede a las presiones de las hordas de internet, qué puede hacer una librería cualquiera?

Durante mucho tiempo el libro ha estado a salvo de la censura, no era importante, no era trascendente y mejor aún, era ajeno a la gran mayoría de la gente que navega en la red. El paradigma en este sentido ha cambiado también, la censura no vendrá de los grandes gobiernos, la censura vendrá del pueblo, de los seguidores en twitter, de los usuarios de facebook, la censura será el resultado de violentar las costumbres de los usuarios de internet. Un lugar peligroso, si me permiten decir.

Durante mucho tiempo el libro ha sido hogar de ideas peligrosas, pero ahora el libro vuelve a circular y a darse a conocer entre los círculos mayoritarios, el libro vuelve a estar en la mira de la censura. No quiero que esto se tome como una defensa del libro que mencioné al principio, nada más lejano a la verdad. Pero este libro no es ni siquiera importante en la discusión, no tiene ningún peso dentro del futuro de las letras o del mundo, pero si plantea algunas preguntas interesantes con su aparición y su consecuente desaparición. Probablemente, como decía un amigo, el FBI esté feliz pues ahora tiene razón legal para poner en la lista de sospechosos a un montón de gente morbosa que se compró un libro a todas luces inmoral o falto de ética. Pero nosotros, los lectores, los editores, los libreros, ¿qué reflexión podemos sacar de todo este asunto?

1 comentario:

aus dijo...

Creo que te equivocas en varios aspectos: el libro ha sido el objeto más censurado durante siglos.

O se te olvidan las quemas de bibliotecas completas, la desaparición de ciertas obras, los oficios secretos de los escribas, las persecusiones de escritores en ciertos siglos y ciertos regímenes.

Al libro lo han tratado de desaparecer Estados e Iglesias.

La censura para el libro existe: el editor publica o rechaza manuscritos; los libreros venden o no según qué libros, qué temas y qué escritores; el lector compra o no de acuerdo con sus ideas, con sus preferencias, con sus gustos.

El libro digital no será exepción.

Pero el tema que eliges como ejemplo es muy espinoso y tiene un ingrediente extra: fomenta una conducta ilícita.

Amazon equivocó las formas, Amazón olvidó sus políticas en donde se "prohíben contenidos que incluyan 'material ofensivo' o que 'pueda llevar a la producción de un artículo o actividad ilegal'".

Ayer yo dije que creía que Amazon se equivocaba al permitir la venta de este libro y lo sigo creyendo; no me es ajeno que en internet se puedan encontrar manuales para hacer bombas, redes de pedófilos, violaciones en vivo, pero no puedo estar de acuerdo con que esto se comercialice libremente (se comercializará por otros canales, seguro, pero no lo podemos poner en los aparadores).