sábado, febrero 25, 2006

¿A cuánto el kilo de amor?

Quiero, me quieren, nos queremos, los queremos, quisimos, queríamos, querremos, quisieran. Hablar del amor es fácil, lo hace más fácil el hecho de discutirlo hasta disolverlo en los conceptos que con nuestros pequeños criterios vamos enárbolando. Al parecer todos sabemos tanto de amor, tanto de querer y tanto de los otros que las relaciones que sostenemos son exitosas, sólidas y funcionales. Si, estoy de acuerdo, solo tengo una duda:

¿ENTONCES POR QUÉ COÑO ESTAMOS SOLITOS?

Me encuentro a diario con personas que hablan durante horas sobre los defectos que tienen sus parejas, en lo molestas que son sus ex parejas y por supuesto en lo dulce que parecen sus pretendientes. El amor como tipo de cambio, el amor como cheque al portador, el amor como las cartas de una baraja con la que todos sabemos jugar. No sé mucho del mentado amor, he querido y me han querido, pero eso es solamente porque arrieros somos y en el camino andamos. La inercia de todas las cosas que me rodean me permite mantener vínculos, sostenerlos a la larga y en muchos casos fracasar de manera espectacular. La única verdad que me queda es que estoy cansado de jugar este juego cuyas reglas todo mundo se inventa, me da hueva ponerme del lado de ella o el y dar consejos que parecen sabios cuando por dentro no tengo ni idea. Amar es increíble, pero también es sútil y susceptible a que de repente, sin ningún aviso previo, deje de sucitarse.

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