domingo, mayo 31, 2009

La maldita posteridad

Hoy compré Papeles inesperados de Julio Cortázar. Me pongo a pensar en la posteridad y los escritores que no pueden defenderse de sus fans, conyugues y editores que deciden, arbitrariamente, qué es publicable y que no. Supongo que Aurora siempre supo que este libro se editaría, me da por creer que tenía marcada la fecha de publicación en un calendario de carniceria francesa (algún francés podría corroborar la existencia de dichos calendarios?). También me imagino a Herralde decidiendo que 2666 sería un bulto, un enorme bulto que sólo los que pudieran pagar, podrían leer cómodamente sin sentir que el tabique les caería sobre un pie y rompería algo. No puedo creer que Bolaño decidiera editar un libro que terminaría siendo una carga para el lector que viaja en metro y que intenta desplegar los brazos para acomodar el libro en el reducido espacio entre los asientos de un microbús. La maldita posteridad se encarga de revelar o contraer mitos y leyendas alrededor de la literatura. Está ahí el estado original de los cuentos de Carver, que no harán otra cosa si no darle la razón a los que dicen que los cuentos de Carver no son de Carver y que por lo tanto, Carver es un trozo de mierda.

La única persona, moralmente adecuada, para decidir sobre la posteridad de un escritor es su madre. Ahí tenemos a John Kennedy Toole cuyas obras fueron publicadas gracias a la terquedad de su madre unos cuantos años después de la muerte del autor. Sólo una madre puede permitirse estas obsesiones y lujos, y no me vengan ahora con que la esposa es como la segunda madre porque no tiene ningún sentido.

¿Roberto Bolaño hubiera podido leer 2666 con un cigarrillo en la otra mano?

PD. Hablar de Roberto Bolaño es creer que uno es Roberto Bolaño.

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