jueves, noviembre 10, 2016

Trump es presidente

" The possible ranks higher than the actual"

Martin Heidegger
The possible ranks higher than the actual.
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Ganó Donald Trump. Pienso que si lo escribo unos cientos de veces quizá salga del estupor que la simple idea me genera. No recuerdo sentir mucha más angustia que las actualizaciones continuas de Michingan y Winsconsin conforme pasaban los minutos y los distritos azules se ahogaban en un mar de rojo en la pantalla. Es complicado explicar por qué es importante esta elección para México, casi tan complicado como inútil. La relación codependiente entre Estados Unidos y México se ha ido disolviendo al pasar de los años y quizá sólo ahora frente a la idea de una deportación masiva de nuestros paisanos podremos entender la inmensa complejidad que se nos viene encima. Piense, un segundo, en millones de mexicanos regresando a sus pueblos en el país sólo para descubrir que su éxodo masivo convirtió estas poblaciones en pueblos fantasmas. Ahora agregue la posibilidad de que vuelvan sin dinero porque ahorros sean retenidos en el vecino país del norte. Millones de mexicanos de vuelta en el país sin dinero, sin hogar y sin familias porque muchas de esas mujeres abandonadas se cansaron de esperar.

Esa es la narrativa del México pobre, supongo, porque no nos engañemos y reconozcamos de una buena vez por todas que la pobreza del país para nosotros no significa otra cosa que un tema anecdótico y socialmente utilizable para demostrar cierto tipo de compromiso de bossa izquierda que evita que nos agreguen como eje del problema social en el que estamos metidos. Pero no nos equivoquemos, esa deportación masiva cimbrará los fundamentos de México como constructo social y al mismo tiempo nos hará evidente una situación que llevamos mucho tiempo fingiendo ignorar: sacar a los pobres del país era un buen negocio. Bueno pues, ese negocio de la sustracción de la pobreza para la expansión de la comodidad de la clase media se acabó. Dure 4 u 8 años la llegada de Trump al poder convierte a México en esa idea extraña que tuvimos siempre: seremos el crash dummy de los vecinos. Cada intención frustrada de Trump para expandiar el privilegio blanco en su propio país lo obligará a tratar con dureza al vecino odiado para mantener sus cifras de popularidad. Porque no nos engañemos, el gobierno de Trump será esclavo de su obsesión con la popularidad.

Pero la victoria de Trump es otra cosa al mismo tiempo, es la caída del faro moral del mundo. Estoy casi seguro que una buena parte de los que leyeron esta frase, sin importar lo que la frase dice, creen que acabo de poner a Estados Unidos como la muestra de todo lo que está bien o funciona en el mundo. Esto chocará con su idea de que Estados Unidos en realidad representa todo lo que está podrido en el mundo. Esa conclusión sobre lo que escribí es falsa, sin embargo el razonamiento posterior y la comparación entre ambas visiones valida el concepto de faro moral. Nuestros vecinos son la referencia, para bien o para mal, de todo lo que ocurre. Bueno pues, eso se acabó. Y si piensan que el mundo no necesita ese faro moral o que la supresión inmediata del mismo es un beneficio a corto o largo plazo seguramente se la pasan pegando esta frase en su muro de Facebook a cada rato:

En respuesta a las nuevas directrices de Facebook, por la presente declaro que mi derecho de autor está unido a todos mis datos personales, ilustraciones, cómics, pinturas, fotos y videos profesionales, etc (como resultado de la Convención Berner). Para el uso comercial de lo anterior, mi consentimiento por escrito es necesaria en todo momento.

Si ha pegado ese texto o algun parecido en su muro de Facebook permítame decirle que usted hubiera votado por Donald Trump de haber tenido la oportunidad. No, no estoy intentando decirle que en realidad usted es un racista, ignorante, sexista, supremacista blanco. Lo que en realidad quiero que sepa es que si usted pega ese tipo de cosas permite que la inercia de algo que no conoce o entiende le sea explicado de la manera en que su criterio huevón lo pueda entender. Usted es un ingenuo y nadie se lo dice. Usted es un votante irresponsable y probablemente no se le debería permitir votar en ningún tipo de elección porque su criterio huevón terminará jodiendo a las generaciones por venir al someterlas a su propia apatía por la idea de que todos tenemos los mismos derechos. Ahora bien, esto claramente es mi culpa y le pido una disculpa por eso, me disculpo por no decirle que usted es un ingenuo y buscar la manera de cambiar la inercia de esa situación para evitar que cuando tenga la oportunidad de votar me joda la vida.

Me reí de usted, me burlé, lo traté como un imbécil y asumí que tenía derecho a ser un imbécil como si esa fuera una decisión racional e informada. Porque por mi formación empírica asumo que hoy en día todos tomamos decisiones de ese tipo. Aquí vale la pena decir que no creo que una decisión informada sea una decisión correcta o incorrecta, simplemente asumo que al informarse se comprenden a cabalidad las consecuencias de lo que puede ocurrirle a uno y a los demás cuando se toma una postura. También debería disculparme por eso. Por ser un maldito arrogante pretencioso que considera que usted no debería votar sólo por ser ingenuo, como si esa ingenuidad no fuera un resultado directo de la propia incapacidad de mi generación para hablar con ustedes. Ustedes esos otros invisibles.

Aún ahora que hablo en este medio que para usted es simplemente invisible siento que estoy logrando comunicarme claramente.  Supongo que usted siente lo mismo cuando en las reuniones en casa trata de preguntarme como funciona el mundo ahora y yo arqueo las cejas sólo para mirar el reloj esperando que la tortura de tener que viajar al mundo de los ingenuos termine. Me pasa lo mismo en cualquier parte de la ciudad, del mundo, supongo que por eso terminamos construyendo fortalezas digitales en casa para tratar de poner tierra de por medio al horror de los ingenuos. Pero la victoria de Trump nos tiene que recordar que ustedes siguen ahí, que votan, que ponen avisos en Facebook y mandan invitaciones a jugar Candy Crush y se saludan sin taggearse correctamente en sus publicaciones y que todo eso termina sentándolos frente a un abusivo racista, supremacista, sexista que sabe como explotarlo. Usted no votó por ___________ (inserte aquí el nombre de su actual presidente que seguramente es un maldito hijo de puta) usted votó por el único al que parecía importarle y con eso probablemente nos jodió la vida a todos. Pero por esto no me puedo disculpar.

Los últimos 50 años hemos avanzado pasos enormes en lo que a la libertad de expresión se refiere. Digamos que una buena parte de nosotros ha peleado durante un tiempo para obtener esa neutralidad parcial en lo que a discursos se refiere. El problema es que al mismo tiempo hemos avalado la existencia de grupos extremistas a nuestro alrededor. La existencia del KKK persiste ante la idea de pagar el precio que conlleva la liberta de expresión, grupos antiLGBT comen con nosotros en casa todos los domingos y en nuestro afán de mantener esa liberta de expresión los toleramos, vemos a la Iglesia ____________ intervenir continuamente en asuntos civiles y lo permitimos en silencio. Es casi como si nuestro temor al conflicto fuera la semilla de todos los conflictos que hacen retroceder al mundo hoy. Ahí supongo que reside la confusión, una confusión natural y casi inevitable cuando se considera que la línea entre la libertad de expresión y el respeto al otro puede desdibujarse rápidamente y transformarse en un dialecto facista con cualquier chispa.

La gente es responsable de lo que dice y lo que hace, pero esa responsabilidad no proviene de un estado obsesivamente vigilante. Proviene del resto de ciudadanos dispuestos a emitir sus opiniones con la misma fuerza y convicción con la que los grupos extremistas emiten las suyas. Equidad de fuerzas, de pasión, de interés. Hoy en día ellos van ganando, los Rajoy, los EPN, los Putin y los Trump del mundo tienen mucho más interés y fuerza que el resto del mundo. No se trata de un asunto ligero, no se trata de un asunto sin importancia, es un asunto que cada día se acerca más a convertirse en el último tema de nuestra especie. Hoy el país más conectado del mundo le dio códigos nucleares a un maldito psicópata y no podemos extrapolarnos hasta asumir que nada de lo que hacemos en nuestra vida cotidiana podría haber impedido eso. Se considera que el 30% de los votos a Trump fueron votos en silencio, votos de venganza, votos durmientes. Eso significa que el 30% de esos electores ingenuos se mantuvieron aislados el suficiente tiempo hasta lograr convencerse a si mismos que darle a este imbécil códigos nucleares era una maldita buena idea, imaginen ustedes el trabajo en solitario de estas personas desde reírse hasta convencerse de que era lo que había que hacer. ¿Dónde se incubaron estos votos? Simple, en el hueco de nuestra maldita arrogancia. En nuestros memes, dile imbécil muchas veces a un tipo débil y verás como se convierte en un ciudadano 0. ¿A quién castigaron los votantes de Michigan y Wisconsin? La respuesta ligera y simple es a Washington. Pero algo me dice que hay una respuesta mucho más compleja detrás, una que nos involucra y que se correlaciona con nuestra obsesión con la ironía y el sarcasmo con que hemos tratado a esos ingenuos durante mucho tiempo. Ahí hay gente con estudios, con conocimiento, conectada que simplemente se hartó de ser la maldita broma, la burla, la víctima y usó el arma más potente que tenía a su alcance: votar por un imbécil que quizá destruya toda esa distancia con los otros, aunque al hacerlo tenga que cargarse al mundo. 






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