lunes, julio 05, 2010

Platón y los Ergonautas





Caminan los ergonautas,
con sus bolsas de lona
y sus luces de halógeno,
simios plásticos
en una espiral de pulsos.

Divergen
mutan entre las ramas
de un árbol de navidad
abandonado en la autopista,
donde los galgos de metal corren
ansiosos, exacerbados,
en círculos que se repiten
y conforman aros numéricos,
mapas holográficos
de cristales que se doblan.

Pobre ergonautas
tan solos y flexibles
con la morosidad de sus días,
de sus calendarios de azufre
que apestan el trasfondo de los ataudes,
útiles como latas de conservas,
de alimentos que no perecen
y sirven de ruta
a las pequeñas pulsaciones
emitidas por la luz que atraviesa
el polvo en los callejones.

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