jueves, diciembre 10, 2009

Señales que precederán el fin del mundo

Hay libros de los cuales se puede hablar tendido, como si el tiempo esperara pacientemente a que uno comprendiera un poco más sobre lo que ha leído. Son libros pacientes, tranquilos, mansos como ríos entubados, esos libros se perderán en el universo de las letras cómo las hojas de los árboles se van por las coladeras en otoño.

Hay otros libros que son una patada en la quijada, un jab, un tubo que te hace una cicatriz en la cabeza que esconderás con el cabello que te crezca por el resto de tu vida. Estos son los libros que importan o que deben perdurar, son muestras de nosotros, espejos, de lienzo de plata y un poco manchados de estaño en las esquinas. De estos libros no te escapas, ni en un millón de años. Señales que precederán al fin del mundo de Yuri Herrera es uno de estos libros, es un tubo de cobre que se blande sobre un universo tan próximo que, a través de la mano del autor, se convierte también en un acto paralelo, una mansedumbre que sólo se manifiesta en las noches de tormenta en océano pacíico.

Señales que precederán al fin del mundo es un acto único en una literatura que flaquea constantemente, es una voz aguardientosa que habla sobre un universo lleno de flores hermosas y destellos de luz, que habla de las flores del concreto y de la frontera. ¿Cuál frontera? No importa realmente, no se vuelve el objeto de estudio el acto de vivir con un pie de cada lado, en esta seguna novela de Yuri Herrera la frontera es el horizonte, es la linea que divide el cielo y la tierra y al mismo tiempo es una puerta al infierno del Mictlán. Enardecido por la palabra, Yuri construye un universo aleatorio de fragmentos visuales, no invita al lector a perderse en un escenario construído explícitamente para el viaje de Makina; al contrari, es Makina el escenario donde se desenvuelve lentamente esta corriente de agua que se observa en las canaletas del concreto. Señales que precederán al fin del mundo es una red de drenaje, donde coexiste lo horripilante de las circunstancias con lo hermoso que resulta observar una fuerza imparable.

Makina viaja, con esa convicción que sólo tiene el testarudo, el reacio, el que vive con y desde el campo. Viaja buscando una respuesta, una explicación que le permita comprender estos lugares orbitales que existen alrededor de su universo, viaja y no se detiene, quizá sólo para dormir al interior de un cajero automático. Al mismo tiempo este viaje es un filtro para el lector, un filtro que se instala en el lente de una cámara que va grabando los vestigios de un imperio fehaciente, pero esta cámara no se obsesiona con los parajes o las mutilaciones de la personalidad, esta cámara no juzga al actor ocasional que aparece en el cuadro. Diría yo que hace todo lo opuesto, esta cámara desmenuza y comprende aquello que pertenece únicamente al viaje que se realiza, las guías de viaje no sirven para el que entiende el sabor del polvo y la tierra que sólo se da en el campo.

Es en esta implosión molecular donde Yuri Herrera encuentra su voz, la voz que dará vida a los paulatinos pero concienzudos movimientos de sus personajes. Donde este escritor construye el misterio el lector se encontrará con la sorpresa de la naturalidad, de lo natural que resulta una sonrisa taciturna o una vieja que limpia chiles en un restaurante del otro lado de esa frontera que carece de importancia y ahí, justo en ese preciso momento donde el que acompaña a Makina comprende sus motivos, se lee el mensaje más importante de la novela, el mensaje que se esconde de lector simplista que busca una historia adherible a la realidad de los noticieros y los periódicos, el mensaje que se revela al lector que se enamora de estas señales que precederán el fin de su mundo y le harán sentir participe de algo más grande, más hermoso, del acto de leer una gran novela.

2 comentarios:

aus dijo...

es un libro que invita a comentar, aún antes de leer la última de sus páginas.

en ese tránsito, es cuando uno se da cuenta de que esa "fuerza imparable" no es de modo alguno violenta, pero es constante...

espero terminar de leerla el fin de semana, para comentarla a tu regreso :); tu reseña cumple con su función, pues lo lleva a uno hasta el libro.

Di. dijo...

me pongo en la fila de espera para el préstamo. Beso Sweet.