jueves, febrero 08, 2007

Educar al prójimo.

Hace mucho tiempo, cuándo aún era más joven, me preocupaba mucho la pendejez ajena. Iba por el mundo tratando de redimir, educar, reivindicar pendejos. Hoy ha dejado de importarme, no me interesa que la gente considere que Borges fue un gran novelista, que Apocalypto es una falta de respeto a la cultura maya o que Bush realmente intenta liberar al pueblo de Irak. Me importa una chingada la gente que piensa eso, no tiene sentido alguno andar por ahí tratando de "abrirles los ojos" (que pinche pretensión). El hecho de que nos consideremos personas tolerantes o respetuosas, incluye, antes que nada, al pendejo, al mierda, al idiota, al gandalla, al asesino. Es bien fácil empezar a ser tolerantes con personas que admiramos o que consideramos a nuestro nivel. El verdadero trabajo de la tolerancia empieza en lo que odias, lo que detestas. Para mí, todo aquel que va por la vida señalando la pendejez ajena es sólo un metiche con mucho tiempo libre.

4 comentarios:

Tu.incondicional dijo...

Jajajaja... buen punto...

Cuervita dijo...

Que bueno que te diste cuenta a tiempo de tu propia ..............

Alma Jimenez dijo...

Ja. Eso es muy sano. No puedes cambiar pendejos, hay que cambiar uno mismo... recuerda que cuando hablas de la luna hablas de ti, de cómo y qué miras en la luna.

Un abrazo

marichuy dijo...

Pues si tienes razón, ni que fuera gripa, lo pendejo no se quita.