lunes, marzo 20, 2006

Manuel Rivas

Una cosita que me mando hace un chingo de tiempo el Sosa que parece descansará en paz otra vez...


Sedespejalaincógnita

Por Manuel Rivas


Han sobrevivido a toda la basura. ¿Recuerdan los sermones? Eran jóvenes sin ideales. Menos que cero. Un apéndice de la nada. Carne de rol. Esclavos de videoconsola. Estudiantes de fotocopias. Insolidarios.
Caprichosos. Egoístas. Presumidos. Consumistas. Alérgicos a la letra impresa. Virtuosos del monosílabo. Cabezas de chorlito. Tontos.

- Hijo, no tenéis ni puta idea.
- ¿Qué significa idea, papá?

En el mejor de los casos, eran rebeldes sin causa. Atolondrados. Nihilistas. No future. O al contrario. Parecían haber captado la onda de la época con una literalidad implacable. Precozmente ambiciosos. Sin sentido de la compasión. Instinto depredador. Hábiles para la escalada. Dispuestos a manejar sin escrúpulos la máquina trituradora. Confundían el tren de vida con el tren de la vida. Fuera de las vías, por los terraplenes de la historia, en compañía de las cornejas del último cuadro de Van Gogh, se perdían de la vista las vidas lastre, con su
hato de fracasos.
Ese era el panorama. Los observadores más hipócritas despellejaban a sus propias criaturas, sin asumir la paternidad del legado. ¿De dónde habían salido esos "cascarones" vacíos, sin espíritu? En el mejor de los mundos posibles, ¿por qué no aplaudían, por qué no se entusiasmaban, por qué no cantaban el alegre Himno de las Tragaperras? Los antiguos geógrafos denominaban "bellas durmientes" a los territorios desconocidos. En la última década se trató a los jóvenes como habitantes anestesiados de una tierra ignota. Con el círculo de la historia cerrado, los movimientos inconformistas eran analizados con la
curiosidad propia del entomólogo que descubre nuevos saltamontes en un campo fumigado. La etnografía encontró, de repente, tribus exóticas en la jungla urbana del primer mundo. Un chaval montado en un skate, con su jerga, su vestimenta, sus rituales, sus pintadas ¿no resultaba más extraño que un nativo en canoa por el río Catatumbo?
Y la Generación X. ¿Recuerdan? A falta de marcianos, aparecieron los jóvenes. Aquella denominación, que hizo fortuna, era el reconocimiento de un fracaso. Los adolescentes de los noventa eran tipos complejos, perplejos, contradictorios, intrincados, confusos, impenetrables, desconcertantes y reservados. La etiqueta, como suele suceder, definía mejor a los observadores que a lo observado. Una
manera de entonar el Ignorabimus. Lo explicó muy bien Lévi - Strauss, hablando del resentimiento del antropólogo: "¿Sabe? Cuando se han perdido quince días con un grupo indígena sin conseguir sacar de ellos
nada en claro, simplemente porque no se les de la gana, uno llega a detestarlos".
Ahora ya sabemos dónde está la Generación X. Ha sido apaleada en Génova. La incógnita empieza a despejarse. Han estado rumiando en silencio las grandes palabras. Han navegado por los significados.
Han vomitado el menú abstracto de la Globalización y desmenuzado sus componentes. Oculta más de lo que muestra. Han aprendido a ver y a montar secuencias. Son ellos los que tienen una visión global. Sus ojos
recorren el mundo, pero no se detienen en las zonas monumentales ni en los marcos incomparables. Disparan instantáneas en el corredor de la niebla, a la manera de Sebastiao Salgado. Han vencido a la videoconsola.
Disfrutan de las sensaciones, los impulsos y la velocidad, pero es la mente, al fin, la que controla el mando. Se han figado del casting de la
telerrealidad, de ls producción de celebridades desechables. Piensan, desconfían, luego son detestables.
Ahí están. Tienen ideales. Son solidarios en lo que Ignacio Ramonet llama "la república de las soledades". No es el número de manifestantes lo que los hace inquietantes. Sin razones, Génova, como antes Seattle, ni pasaría de ser una anécdota. Lo que congela la sonrisa de los grandes mandatarios es que pongan en evidencia su condición de capataces del desorden, su escasa autonomía para establecer una agenda de prioridades humanas. Lo que perturba es que la generación pasmada haya descubierto la realidad. ¡Han salido rana estos pendejos!

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