miércoles, mayo 12, 2010

Crear o Destruir




El fútbol es una ciencia. A veces más exacta de lo que parece. Para poder jugar al fúbtol necesitas una pelota. Algunos creen que también necesitas otras personas pero una pared puede servir de compañero, portería o hasta de árbitro, si es necesario. En menos de 30 días el fútbol empezará su gran fiesta, para muchos es el inicio de un calvario ya sea porque les importa demasiado el fútbol o porque les importa muy poco el fútbol. Pero esta fiesta permeará todo. Las conversaciones políticas, amorosas, intelectuales irán poco a poco culminando para dar paso al fútbol y la fiesta del fútbol. 32 equipos, cada uno representado un país, saltarán a una gloria que se abre cada cuatro años y que dura en la memoria de la gente para siempre. Y es ahí dónde la ciencia del fútbol hace sus experimentos más importantes. Como científicos buscan sólo dos cosas, crear o destruir. Algunos equipos como España, jugarán para construir un camino, una forma de alcanzar la gloria, un trofeo que cimbrará economías y estados de ánimo. El ejemplo opuesto siempre es Alemania. Alemania siempre salta a la cancha buscando destruir el camino de otros, para al final levantarse sobre todos los demás con ese trofeo que perpetuará el mito aquel que dice "El fútbol es un deporte con 22 jugadores, una pelota y en el que siempre gana Alemania".

El fútbol es el corazón de las masas, permea todos los sectores sociales y culturales de una nación. Todo mundo tiene una opinión sobre el fútbol. Lo más gracioso es que la misma razón que usan unos para adorar al balón es la misma que usan otros para despreciar la esférica. El fútbol enajena. El fútbol es un circo. El fútbol son 22 idiotas corriendo detrás de un balón. Hay algo alrededor del juego, porque antes que un deporte es un juego, que se concentra en la conciencia del aficionado y desespera el mundo del detractor, por eso se ha sostenido por más de cien años en los corazones de la gente. El fútbol es la posibilidad de ser extraordinario. Algo existe en la forma en la que se le pega a la pelota, en la nobleza del pase a gol, en la furia de una entrada artera, algo que define mejor que la literatura la historia de la humanidad.

En una cancha de fútbol sucede todo al mismo tiempo, la nobleza, el odio, el Prometeo moderno utiliza la 10, el Ícaro del siglo XXI usa la 9, el Cancerbero prefiere la 1. Alemania rinde culto a Nietzsche en la cancha, Brasil fue el Cortázar de otros tiempos y ahora intenta ser el Vargas Llosa. Inglaterra tiene a Bloom dentro y fuera de la cancha, aunque de vez en cuándo un Oscar Wilde se apersona y cambia la estructura del juego. México siempre es Juan Rulfo con su única gran novela y sus ansiosos admiradores esperando un poco más, aunque a veces también es Arreola, lo triste es que nunca se apea como Alfonso Reyes. España fue Galdós mucho tiempo, Góngora, ya casi, ya merito, ahora reflejan esa nueva generación esos Afterpop, esos Nocillos.

El fútbol es la tragedia griega. Es el Quijote, la novela moderna. Hay tanta teoría en 100 años de fútbol como la hay en 100 años de estudios literarios. Algunos lo ven y disfrutan ambas cosas, otros se decantan por una o por otra. Otros no entienden nada de una ni de la otra. Pero en menos de 30 días empieza la FIL del fútbol, la fiesta, la gran fiesta de la humanidad. Todo alrededor de un balón y no de una página escrita.

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