6/5/11

Syrup de Max Barry





Encontré los primeros dos libros que leí de Max Barry en mis escapadas a Books books books. El primero era Company, una novela sobre el absurdo del mundo corporativo. El segundo era Jennifer Government una novela semi steam punk sobre el día en que las marcas sean nuestros dueños. La tercera que leí, que por gracia es la primera del autor, es Syrup. Una novela sobre marketing, amor y la forma en que nos meten el puño hasta por las orejas.

Max es un autor al que le gusta la prosa simple. Aunque a todos mis amigos hispanos esto les parezca algo grotesco yo tengo que decir que me resulta un alivio y me produce una tranquilidad que me permite leer sus novelas en dos o tres días como máximo. Barry tiene una visión del mundo en el que vivimos y entiende el consumo como única motivación real para hacer cualquier cosa . Las buenas noticias son que teme explotar el tema hasta que alguno de los dos se agote.

En Syrup los personajes van girando como pequeños trompos de apizaco. Primero hacía un lado, después hacía el otro, y ya entrados en gastos no dejan de girar sobre su propio eje hasta que el lector comprende casi todo ángulo posible de sus graciosas tonterías. Leer a Max Barry es un balde de agua fresca para cualquier lector, es la oportunidad de ir por ahí deslizándote en paisajes que si bien podrían ser de cualquier autor, por ser de Max Barry resultan únicos y entretenidos.

2/5/11

Lo peor de todo




Ray Loriga es un tipo raro. A veces me recuerda todo este españolismo ochentero que por más curioso que me parezca resulta un poco aburrido después de un tiempo. Después, me hace pensar en la literatura norteamericana, un poco en Hunter S Thompson y a veces, casi de rebote, me recuerda a David Foster Wallace. Quizá por esto Ray Loriga es un escritor español imprescindible.

Lo peor de todo es una narración simple, un libro escrito por ahí de 1992 y redescubierto tras su edición en Alfaguara España. Es la historia de un tipo, uno de esos que recuerdan a Caulfield o a esos personajes iniciáticos míticos que todo escritor construye en algún momento; pues bien, este es el tipo que primero es niño y después es adulto y que por momentos parece contar cosas que a nadie le importan pero las dice con tanta calma y tanta desfachatez que el lector se ve completamente atorado en la lectura.

Lo peor de todo no es una novela mítica, ni siquiera será una novela muy importante, pero sin duda es un libro entretenido, con ciertas claves que ayudan a entender ciertas cosas que al autor le parecen importantes un poquito mejor. Aunque a veces me gustaría entender este tono nihilista que tienen tantos personajes de la literatura hispana. Igual alguno de ustedes me ayuda.

26/4/11

Las teorías salvajes





Cada vez resulta más complicado hablar de una novela sin utilizar palabras como posmodernísmo, after pop, deconstrucción, introspección, sigilo... A veces se utilizan estas palabras por inercia, como si quisiéramos encontrar una obra maestra en cualquier disparate o bien, como si pudiéramos convencer a la gente de que cualquier disparate es una obra maestra. Aunque como pensaba hace unos minutos, probablemente las dos cosas sean un poco más sinónimos que antónimos y así de un lado como para el otro.

Antes que nada me gustaría decir que Pola Oloixarac sabe escribir. Esto lo digo con una certeza que me tranquiliza y me hace pensar que dentro de este laboratorio social que se ha vuelto la literatura protohispánica aún existe la obligación de saber escribir, de poder y de hacerlo sin pensarse mucho en que se va heredando o a quién se le rinde tributo conforme se cuenta una historia.

Las teorías salvajes es una novela inteligente. La autora no se contrae en ningún momento y cada que puede se desdobla con la soltura de su prosa para demostrar que no le teme a la deconstrucción, a la psicología, a la lexicología y muchas gías que si bien no valen de mucho actualmente para el ritmo que llevamos, se agradecen cuándo se plasman en la boca de unos cuantos personajes que se hacen memorables e insoportables al mismo tiempo.

Los nacionalismos y el género son dos temas que riman con fracaso en la literatura. Probablemente porque la honestidad detrás de estos dos objetos ideológicos se confunde constantemente con una sensación de neutralidad que resulta artificiosa a todas luces y que termina cansando al lector. Hay que darle las gracias a Pola por no haber caído en lo fácil en ninguno de los dos casos. Los personajes femeninos de Las teorías salvajes viven una riqueza constante conforme la novela nos permite conocerlas. Y si bien, seguro hay que darse una o dos vueltas por la Wikipedia para entender ciertos momentos trascendentales de la historia Argentina, esa Argentina que habita en este libro resulta una distinta de aquella que uno va conociendo por afinidad o asociación.

Las teorías salvajes ponen a Pola Oloixarac bajo el microscopio, bajo un obligatorio escrutinio constante, es al mismo tiempo una propuesta estética y una puerta que se abre y que ojalá no se cierre pronto. Editada en Argentina y en España, esta primera novela se vuelve un objeto de cacería obligado, una buena razón para el gasto de importación y al mismo tiempo un a partir de ahora, para las mujeres protohispánicas que llevan tanto tiempo fracasando en sus primeras, segundas y hasta terceras novelas. Las teorías salvajes es la prueba de que no existe necesidad alguna de escribir una pésima primera novela para abrirse camino e ir mejorando. Es un compromiso y una promesa de que esta otra literatura que fingimos no ver cada día se hace más potente. Al menos de mi parte me quedaré esperando la segunda aparición de Pola Oloixarac en el panorama literario.


PD

Si buscan una reseña más sesuda y un poco más extensa, les recomiendo esta

21/3/11

Who?

11/3/11

Electrocutando a un elefante




Electrocuting an elephant


Like mourners, or men setting out early for a duel,

they follow these six tons, this hunk of flesh,

muddy and whorled, this elephant they tried once to hang

because she killed three men and survived



their carrots laced with cyanide. Coney Island, 1903,

and the handheld camera that gets all of this down

is a clock for seeing, as Barthes tells us it ought to be,

the image forever ticking over as three men,



in sepia and near-silhouette, step through a vacant lot,

follow the lead of the burly handler, who carries

a sleek whip, a coil of rope, as he leads his charge towards

the spot where they will set two of her feet



in copper shoes. Think of the boy, who sat in front of you

that year in school, led by the ear to the corner

of the classroom because he couldn’t spell vengeance

after three turns. Think of the bull, three summers old,



pulled by the horns towards the place of sacrifice

so that bees might rise up out of its pooled blood.

And this too must be the way they took Bartholomew

after he made the King’s brother deny his gods—



one guard gripping the prisoner’s left arm and the three others,

who follow, unable to muster a single word

as they march down the main street of their village

towards the blue edge of the Caspian Sea,



where they will dispose of this son of Tolomai,

taking turns to open him with knives. What do they think

as they sulk after the condemned, this trinity,

who are not quite men yet despite their pristine uniforms,



or these others like extras from one of the first westerns

with their hats and mustaches, their say-nothing expressions

that barely make it beyond the ground sand of the lens

and onto this reel that unravels as I find myself



thinking again about that boy who, in Scoil Muire,

sat in the front row of those battered desks

with the defunct inkwells the dry hinges that opened

into a box to store your books? This time he’s reeling off



the names of birds. He makes a fist and hammers it

against his skull to bring forth robin redbreast, stonechat, crow,

while the rest of us raise our hands with what we think

are the right answers and hold our breaths trying not to laugh.



The truth is, I can’t remember his name, only the way

his clothes reeked of stale milk and hay, and how

his father once tied a frying pan between the legs of their mongrel

to discourage it from running after cars. I’d like



to whisper this story into the ear of the keeper

before the film goes any further, before they reach

the spot where a crowd waits, impatient,

shifting from foot to foot. I’d like to tell him how,



after those four boys have done their dirty work

and turned into something older than they were before,

Bartholomew becomes that figure above the altar

in the Sistine Chapel who holds up a tanner’s knife



and his own skin, another saint made patron

to those who wield the tools that worked his exit

from this world. And though it changes nothing,

I want to explain how, when the elephant falls, she falls



like a cropped elm. First the shudder, then the toppling

as the surge ripples through each nerve and vein,

and she drops in silence and a fit of steam to lie there

prone, one eye opened that I wish I could close.



Electrocutando a un elefante


Como los deudos, o los hombres que esperan al amanecer un duelo,

pasan estas seis toneladas, este amasijo de carne

lodosa y enroscada, de este elefante que una vez trataron de colgar

porque había matado a tres hombres y sobrevivido

a sus zanahorias bañadas en cianuro. Coney Island, 1903,

y la cámara en mano que graba todo el evento

es un reloj que mira, como Barthes nos dijo que tenía que ser,

la imagen siempre tintineando por encima mientras de los tres hombres

apenas dibujados en sepia, que caminan a través de un lote vacío

siguiendo al torpe manejador, que carga

un látigo reluciente, un rollo de cuerda, responsabilidad suya, mientras avanza

hasta el preciso lugar donde postrará dos de sus patas

en unos zapatos de cobre. Piensa en el chico, que sentado enfrente de ti

aquel año en la escuela, fue llevado de la oreja hasta la esquina

del salón de clases porque no pudo deletrear "venganza"

después de tres intentos. Piensa en el toro, con sus tres veranos de edad,

llevado por los cuernos hasta el lugar del sacrificio

para que las abejas puedan surgir desde el charco de su sangre.


Así también debió ser cuando se llevaron a Bartolomé

después de provocar que el hermano del Rey renegara de sus dioses

un guardia toma al prisionero del brazo izquierdo y otros tres,

lo siguen, sin pronunciar una sola palabra,

mientras marchan por la calle principal del pueblo

hacía la orilla azul del Mar Caspio,

donde dispondrán del hijo de Ptolomeo

tomando turnos para abrirlo con sus cuchillos. Qué pensarán

mientras sobajan al condenado, la trinidad

que no los hace hombres a pesar de sus uniformes prístinos

o esos otros que parecen extras de aquellos primeros westerns

con sus sombreros y sus bigotes, detrás de sus expresiones de no pasa nada

que apenas sobreviven más allá de la arena del suelo de la lente

y hasta este carrete que se revela cuando me sorprendo

pensando otra vez en ese chico que, en la primaria de Scoil Muire,

se sentó en la primera fila de los maltratados pupitres,

con los tinteros secos, ¿las bisagras secas se abrían

hasta convertirse en una caja para guardar tus libros? Esta vez está trata de recordar

los nombres de las aves. Cierra el puño y lo azota

contra su cabeza tratando de recordar petirrojo, tarabilla, cuervo

mientras el resto de nosotros levantamos la mano pensando

que tenemos la respuesta correcta y aguantando la respiración para no reírnos.


La verdad es que no puedo recordar su nombre, sólo la forma

en que su ropa olía a leche rancia y heno, y como

su padre una vez ató una sartén entre las patas del perro

para evitar que siguiera persiguiendo autos. Me gusta

susurrar esta historia al oído del guardián

antes de que la película avance, antes de que lleguen

al lugar donde la muchedumbre espera, impaciente,

saltando de un pie al otro. Me gustaría decirle como

después de que los cuatro tipos hicieron el trabajo sucio

y se hicieron un poco más viejos de lo que ya eran

Bartolomé es ahora una figura sobre el altar

en la Capilla Sixtina con el cuchillo de curtir

sobre su propia piel, otro santo patrón creado

por los instrumentos que provocaron su salida

de este mundo. Y aunque no cambiaría nada,

me gustaría explicar como, cuándo el elefante cae, cae

como un olmo. Primero el temblor, después la caída

conforme aumenta la convulsión sobre cada nervio y cada vena,

y el elefante cae en silencio y se queda como el vapor en el piso

postrado, con un ojo abierto que me gustaría poder cerrar.


Traducción apócrifa por su servidor

Poema leído en The Best of American Poetry 2008, Scribner Poetry y traído desde los States por el buen Luis Panini

28/11/10

Fscking Birthday






Pasé de adolescente a adulto irresponsable...

12/11/10

Amazon y la responsabilidad del editor.




Hace unos días parece que hubo un gran barullo en Amazon.com por la venta del libro "The Pedophile's Guide to Love and Pleasure: a Child-lover's Code of Conduct" Obviamente, por el título, podemos encontrarnos con un material de cuestionable contenido moral y ético. Amazon recibió a partir del descubrimiento del contenido una serie de recriminaciones por parte de los usuarios donde pedían que se retirara el libro y se acusaba a Amazon de promocionar o al menos facilitar la pedofilia.

El libro fue autopublicado, es decir, el autor lo subió a Amazon y éste permitió que el libro se vendiera. Dada la cantidad de libros que todos los días suben a la tienda digital de este gigante minorista es muy claro que resulta imposible revisarlos todos. Sin embargo, lo más interesante fue la primera respuesta de Amazon a todo este asunto: Nosotros apoyamos la libertad de elección de nuestros compradores. Es decir, Amazon apoya aquella frase que dice que el consumidor final siempre obtendrá su producto.

Esto es un problema de relaciones públicas e imagen para Amazon, nadie quiere verse involucrado con actividades ilegales y menos contra los niños. Pero más allá de esta obviedad, es muy interesante las preguntas que el asunto plantea ante el cambio de pardigma que representa el libro digital. ¿Es el librero el nuevo encargado de censurar los contenidos de los libros?

Claramente la noticia sobre la venta del libro de Amazon se propagó por la red como si fuera pólvora. En cuestión de horas el libro pasó de ser un objeto intrascendente que asqueaba a los consumidores a un objeto de curiosidad para los morbosos en la red. El tipo que escribió el libro ahora es un éxito de busquedas en Google. La gente sabe quién es, la gente sabe que existió ese libro y más importante aún, mucha gente lo compró sólo para saber que decía (incluida gente que sentía ofendida por el contenido) En pocas palabras, el libro pasó a la lista de los 100 más vendidos de Amazon.

A final de cuentas Amazon cedió, bajó el libro de su sitio y lo quitó de la lista de los más vendidos. Por supuesto, este gigante minorista conoce la regla de oro de internet: tu reputación lo es todo. Pero, ¿qué significa esto para el concepto de censura? ¿qué consecuencias acarrea a los editores la noción de que Amazon podría quitar tu libro para no comprometer su imagen? Y más importante aún: ¿Si Amazon, que es un gigante, cede a las presiones de las hordas de internet, qué puede hacer una librería cualquiera?

Durante mucho tiempo el libro ha estado a salvo de la censura, no era importante, no era trascendente y mejor aún, era ajeno a la gran mayoría de la gente que navega en la red. El paradigma en este sentido ha cambiado también, la censura no vendrá de los grandes gobiernos, la censura vendrá del pueblo, de los seguidores en twitter, de los usuarios de facebook, la censura será el resultado de violentar las costumbres de los usuarios de internet. Un lugar peligroso, si me permiten decir.

Durante mucho tiempo el libro ha sido hogar de ideas peligrosas, pero ahora el libro vuelve a circular y a darse a conocer entre los círculos mayoritarios, el libro vuelve a estar en la mira de la censura. No quiero que esto se tome como una defensa del libro que mencioné al principio, nada más lejano a la verdad. Pero este libro no es ni siquiera importante en la discusión, no tiene ningún peso dentro del futuro de las letras o del mundo, pero si plantea algunas preguntas interesantes con su aparición y su consecuente desaparición. Probablemente, como decía un amigo, el FBI esté feliz pues ahora tiene razón legal para poner en la lista de sospechosos a un montón de gente morbosa que se compró un libro a todas luces inmoral o falto de ética. Pero nosotros, los lectores, los editores, los libreros, ¿qué reflexión podemos sacar de todo este asunto?

26/10/10

Offline

Llevo varios días sin internet. Seguro, me he perdido de cientos de chismes y la llegada de los nuevos mesías de la literatura. Supongo que también me he perdido grandes momentos del porno y uno que otro post interesante. Ya no leo las noticias dos o tres veces al día ni estoy al tanto de los goles del Chicharito Hernández. Me siento como un Crusoe digital. Me siento renovado y al mismo tiempo tengo esta sensación de estarme ahogando en la abstinencia. Pero leo y escribo mas, también pienso mas y creo en mas cosas. Extraño, ser un Crusoe digital es muy parecido a ser un Crusoe de carne y hueso. Prefiero eso a ser un Bartleby digital.

26/9/10

Chronic City





Esta novela escrita por Jonathan Lethem logró lo que nadie había logrado. Desde las primeras películas, pasando por los libros, la música y las noticias, Nueva York siempre me pareció un escenario acartonado. Jamás pude comprenderla como una ciudad, al menos como las ciudades son para mi: organismos.

En Chronic City hay una ciudad alternativa, un organismo viviente que es a la vez universo y delirio de personajes como Tooth Perkus, Chase Insteadman o Richard Abneg. Estos personajes son la ciudad. Son testigos del delirio de un autor que con una narrativa sólida y honesta, sirve de guía de turistas, para un lector que no necesariamente tiene que comprender el cosmos de una ciudad que es al mismo tiempo una estructura y un espejismo.

Lethem se sirve de esta ciudad perteneciente al imaginario colectivo para demostrar que aún quedan historias alucinantes que contar. Nunca teme que su novela gire y se retuerza alrededor de los personajes, no es una narrativa tímida. Todo lo contrario. Cuándo Lethem siente que Chronic City se vuelve autocomplaciente permite que los personajes se delimiten a si mismos, lejos de una mano que podría resultar artificiosa, el autor permite que su ciudad organismo se manifieste ante el lector, aún el lector que olvida lentamente el Nueva York que parece salido de un musical de Broadway y se adentra en este otro que se siente como una extensión de un conjunto de personas.

La crítica social, en la narrativa norteamericana, siempre está en la boca de los personajes. Jamás en la estructura de la técnica literaria. Así, Lethem rinde culto a esta enorme tradición del escritor que no se compromete socialmente pero que no evita que sus personajes sean sólidos en sus creencias y en sus acciones. Esta habilidad del autor permite que Chronic City sea un tránsito paulatino por las células de la ciudad organismo y evita que el lector sea un simple turista alrededor de unas cuantas calles y anécdotas.

19/9/10

La importancia de si llamarse Ernesto




Durante la última Feria del Libro en Colombia se discutió lo que parece ser el tema más importante en el mundo editorial o, al menos, el que debería ser el tema más importante en el mundo editorial: el establecimiento del libro digital y de los lectores de libros digitales.

Podríamos decir que el término correcto sería "la próxima llegada del libro digital y de los lectores de libros digitales", pero decir eso sería viajar al pasado y establecerme en una colina que ya fue conquistada, reconquistada, urbanizada, destruida y construida de nuevo. Los libros digitales y sus respectivos lectores llegaron hace un rato al mundo editorial y se han establecido como un modelo de negocios no sólo redituable, sino que también plantea algunas preguntas que no se han planteado desde la llegada de la imprenta. Y tal como sucedió con la llegada de la imprenta, los puristas del libro se rasgan las vestiduras y defienden un romanticismo que nace de la ignorancia. La ignorancia de jamás haber visto un libro electrónico o jamás haber tenido un lector de libros electrónicos entre sus manos.

Suponer que el mercado editorial hispanoamericano es el único mercado editorial no sólo es un eufemismo, es una droga dura que se ha consumido por demasiado tiempo en los países de habla hispana y como toda droga, en cualquier momento causará estragos y se convertirá en un problema de salud pública. En este caso la salud que está en riesgo es la de todo el mercado editorial hispanoamericano como una entidad general, ni siquiera como una conjunción de todas sus partes. Sin embargo asistimos todos los días al vituperio del libro electrónico en función de un mercado que no ocupa ni siquiera el 50% del total de libros que se vende en el mundo. La frase: "el libro electrónico está a años luz del mercado hispanoamericano" es lo más cercano que hemos visto a la autofelación.

Nuestros vecinos sajones son listos. Siempre lo han sido. Antes de pensar en el romanticismo de las partes de un todo piensan en la salud financiera de un negocio. Por eso, ante la llegada del libro electrónico y sus respectivos lectores, la discusión se centró en la arquitectura y funcionalidades que estos debían de tener, en lugar de perder el tiempo en discutir si el formato es más importante que el contenido. En cuanto se lanzaron los primeros lectores, los adultos mayores (importante segmento de lectores en Estados Unidos y probablemente uno muy fuerte en México) se lanzaron felices al cambio. Por fin un dispositivo que facilitaría una de las pocas actividades que tenían por delante tras el retiro. Las funciones de aumento de tipografía, lectura en voz alta o diccionario integrado eran en sí una gran noticia para los lectores. Por supuesto, aquí jamás hemos escuchado hablar de estas funciones y sus ventajas porque la gran mayoría de los que hablan del tema jamás han tenido un lector de libros electrónicos en sus manos y aún consideran los PDF's documentos de lectura digital.

Perdone usted lector, tiene toda la razón. Antes del encuentro en Colombia sobre los libros digitales jamás habíamos escuchado del tema en Latinoamérica y lo que es peor, lo que hemos escuchado son un montón de conjeturas, mentiras sin olvidar el sonido que hacen las vestiduras al rasgarse. Pero no podemos sorprendernos, la edición en hispanoamérica jamás ha sido punta de lanza, jamás ha sido progresista o innovadora, siempre hemos estado un paso detrás de la industria editorial sajona y hoy estamos en el mismo lugar. Mientras en Estados Unidos utilizaban Adobe Creative Suite para formar libros aquí seguíamos tratando de vincular las partes de un libro mientras formábamos con Quark, en el mejor de los casos y en otros aún se editaba con Pagemaker o Word.

El editor hispanoamericano jamás evolucionó en publisher, al contrario, permitimos que las áreas comerciales se fueran apropiando lentamente de los espacios que antes pertenecían a los editores y después nos quejamos amargamente. ¿Marketing? esa palabra jamás se usará en una reunión de editores hispanos. Pero no nos desviemos del tema, el editor no sabe lo que es un lector de libros electrónicos, no sabe lo que es un libro electrónico y si jamás comprendió como se construye una industria alrededor del libro físico podemos asegurarles que tampoco entenderá como se construye una industria alrededor del libro electrónico. La primera prueba es el silencio que acompaña un fenómeno que no pedirá permiso antes de instalarse en nuestros hogares. Lo hará y si es necesario acceder al contenido de otros mercados porque nuestras editoriales aún nos exigen que compremos en papel, también sucederá.

Si el mercado hispanoamericano no se adecúa a los tiempos que estamos viviendo, alguien lo hará. Ya sea un editor independiente o un editor latino en Estados Unidos, alguien dirá: Hey vendamos libros al sur, ya que los del sur no se quieren vender entre ellos. Y entonces sí, caput, finito, sanseacabo, lo que alguna vez fue una industria sana se habrá convertido en cenizas. Mientras los editores hispanos siguen preguntándose si el libro electrónico será una realidad, el libro electrónico les pasará por encima. Discutir con los editores sobre la importancia de considerar al libro digital una opción es perder el tiempo, deberían ser los editores los más interesados en enterarse de lo que ha sucedido durante este su letargo. Ya ni hablar de los medios de discusión alrededor del libro que una vez más comprueban que de libros saben muy poco. Les gusta más el mundillo, les gusta más la chorcha, la peda, el eventillo y la presentación, les gusta la idea de decir que son editores en las reuniones y ante las jóvenes e impresionables poetas latinoamericanas. Pero si fueran editores, amantes del libro, sabrían que esto que está sucediendo pasará por encima de sus mercados si no transforman sus negocios y a sus autores.

En Colombia se ha tocado por primera vez el tema. En Latinoamérica el eco ha sido silencioso y casi muerto. En México la negación y la ignorancia son las posiciones que se toman frente a este asunto. En España aún están discutiendo si Libranda servirá de algo. ¿No sienten que nos estamos quedando con el papiro frente a la llegada de la imprenta? ¿No resulta tan obvio si lees tantito, si preguntas tantito? Quizá ahí está el problema, los editores aquí no queremos ser mejores, no queremos saber más, queremos que todo siga como hasta ahora para poder seguir disfrutando de este bizarro status quo.

3/9/10

Consejos de Chuck Palahniuk



Encontré estos consejos en la página de Chuck Palahniuk y me tomé la libertad de traducirlos para los lectores de este amable y nunca bien ponderado blog.



Número uno: Hace dos años, cuándo empecé a escribir el primero de estos ensayos, trataba sobre mi método "Temporizador" para escribir. Ustedes nunca vieron este ensayo, pero aquí está el método: Cuándo no quieras escribir, pon el cronómetro para una hora (o media hora) y siéntate a escribir hasta que el temporizador se agote. Si aún odias escribir, serás libre en una hora. Pero normalmente , para cuándo el temporizador llegue a cero, estarás tan envuelto en tu trabajo, lo disfrutarás tanto, que seguirás adelante. Quizá en lugar del temporizador, puedes poner una carga de ropa en la lavadora o en la secadora y utilizarla para cronometrar tu trabajo. Alternar la complicada tarea de escribir con el trabajo automático de lavar la ropa o los platos te dará los descansos que necesitas para tener nuevas ideas o aproximaciones a lo que ocurre. Si no sabes cómo continuar tu historia... limpia el baño. Cambia las sábanas de la cama. Por dios santo, sacude la computadora. Una mejor idea vendrá.

Número dos: Tus lectores son mucho más listos de lo que piensas. No temas experimentar con distintas formas y tiempos para contar tu historia. Mi teoría personal es que los lectores más jóvenes se alejan de la mayoría de los libros, no porque sean lectores más tontos que los anteriores, pero porque los lectores de hoy son más inteligentes. Las películas han hecho la narrativa más sofisticada y tus lectores serán más difíciles de sorprender que antes.

Número tres: Antes de sentarte a escribir una escena, mastícala en tu cabeza y averigua el propósito de esa escena. Qué elementos básicos traerá consigo la escena? Qué propondrá para escenas posteriores? Qué aporta la escena a tu trama? Ten estas preguntas en mente mientras trabajas, conduces o haces ejercicio. Toma algunas notas conforme las ideas vayan llegando, después, siéntate y escríbelas. No vayas a tu empolvada y aburrida computadora sin nada en la cabeza. Y no hagas que tu lector se arrastre por una escena donde no pasa nada.

Número cuatro: Sorpréndete a ti mismo. Si puedes llevar la historia, o bien la historia te lleva a ti, a lugares que te sorprendan, entonces puedes sorprender a tu lector. En el momento en que puedas ver las sorpresas "bien planeadas", también lo podrá ver tu lector.

Número cinco: Cuándo estés atorado, regresa a tus escenas iniciales, busca por personajes olvidados o detalles que puedas desenterrar como "pistolas enterradas". Cuando terminaba de escribir El Club de la Pelea, no tenía idea de que hacer con el edificio de oficinas. Pero, al releer la primera escena, me encontré con el comentario aleatorio sobre mezclar nitroglicerina y parafina para hacer explosivos plásticos. Esa pequeña tontería (la parafina nunca me funcionó) hicieron la "pistola enterrada" perfecta para resucitar y salvar mi narrativo trasero.

Número seis: Usa la escritura como un pretexto para dar una fiesta cada semana, aún si a esa fiesta la llamas taller. Cada vez que puedas pasar tiempo alrededor de gente que valora y apoya la escritura equilibrará las horas que pasas solo, escribiendo. Aún si un día logras vender tu trabajo, ninguna cantidad de dinero compensará el tiempo que has pasado solo. Así que toma tu "pago" por adelantado y convierte la escritura en una excusa para rodearte de gente. Cuándo tu vida se acerque a su fin, creéme, no voltearás para saborear los momentos que pasaste solo.

Número siete: Déjate llevar por la ignorancia. Este pequeño consejo viene desde un montón de gente famosa, a través de Tom Spanbauer llegó a mi, y ahora yo te lo doy a ti. Mientras más tiempo dejes que una historia tome forma, mejor resultará la forma al final. No te apresures o trates de forzar el final de una historia o de un libro. Todo lo que tienes que saber es la escena, o escenas, que vienen a continuación. No tienes que conocer cada momento desde el principio hasta el final. De hecho, si es así probablemente te aburrirás hasta la muerte al escribirlo.

Número ocho: Si necesitas más libertad alrededor de la historia, borrador tras borrador, cambia los nombres de los personajes. Los personajes no son reales y tampoco son una proyección tuya. Al cambiar arbitrariamente los nombres, logras mantener la distancia necesaria para torturar realmente a un personaje. O peor aún, borrarlo si es lo que la historia exige.

Número nueve: Existen tres tipos de discurso, no sé si esto es realmente Cierto, pero lo escuché en un seminario y me pareció que tenía sentido. Los tres tipos son: Descriptivo, Instructivo y Expresivo. Descriptivo: "El sol se levanta..." Instructivo: "Camina no corras..." Expresivo: "Ouch" La mayoría de los escritores de ficción sólo usan una, a lo mucho dos, de estos discursos. Usa los tres. Mézclalos. Así habla la gente.

Número diez: Escribe un libro que a ti te gustaría leer.

Número once: Tomate las fotografías para la solapa ahora, que aún eres joven. Consigue los negativos y regístralos en derechos de autor.

Número doce: Escribe sobre las cosas que realmente te importan. Esas son las únicas sobre las que vale la pena escribir. En su curso, llamado "Escritura peligrosa" Tom Spanbauer declara que la vida es demasiado preciosa para desperdiciarla escribiendo sobre historias que realmente no te importan. Hay muchas cosas que Tom dijo pero sólo una es la que recuerdo a medias: el arte de "manumission" que no puedo deletrear pero que entiendo como el cuidado que pones al mover a un lector a través de la historia. Y "sous conversation" que supongo que se significa esconder y enterrar el mensaje detrás de la historia principal. Como no estoy completamente cómodo al hablar de estos temas, sólo los entendí a medias. Tom accedió a escribir un libro sobre lo talleres y las ideas que ahí enseña. El título del libro es "A hole in the heart" y tiene planes de tener un borrador en junio de 2006 y publicarlo a principios de 2007.


Copyright del ensayo Chuck Palahniuk

La traducción puede ser utilizada y modificada

27/8/10

Dos animales enjaulados

Pues si, el René preguntó por qué no hacemos un webcomic y unas horas después habemus webcomic.

Pase, como si estuviera en su jaula.


19/8/10

Book vs Ebook


Round 1.


Vía @publishingtalk en Twitter





La imagen sale de aquí

6/8/10

10 mensajes con destinatario




1. No entiendo a esta generación de escritores que repiten el fracaso de otros escritores que estuvieron antes y que sólo servirán de inspiración para otros escritores que fracasarán mañana.

2. Si quieres escribir, lo primero que tienes que preguntarte es si tienes algo que decir, no si eres capaz de escribir frases continuas.

3. Si te ganaste un premio literario proletario, es probable que tengas éxito como poeta campesino.

4. Si tu primer comentario sobre los Best Sellers es que no son literatura, consiguete un taller en la Roma o Coyoacán y sigue escribiendo para tus cuates.

5. Si en tu taller literario hay 1 cabrón que no lo publica nadie igual es el sistema, si hay 2 quizá el mundo está en su contra, pero si a todos les pintan huevos en las editoriales, es momento de pensar en la fontanería.

6. Publicar en una editorial independiente no significa que las portadas de tus libros parezcan folletos de comida corrida.

7. Si tu concepto de libros se reduce a los archivos de Word que mandas a imprimir con la lana de tus jefes, hay un trabajo esperando por ti en McDonalds.

8. Si crees que la literatura salvó tu vida, vuelvete pastor de iglesia pero por favor evita la tinta.

9. Hay una gran diferencia entre mandar textos para que te publiquen y que te pidan textos para ser publicado. Excepto en los blogs, pero los blogs no le importan a nadie.

10. Si frases del tipo: "El mundo editorial apesta", "Se publica pura mierda", "Nadie sabe leer en este país" son tus razones para ser maestro de español, felicidades, has llegado a la cúspide de tus posibilidades.

5/7/10

Platón y los Ergonautas





Caminan los ergonautas,
con sus bolsas de lona
y sus luces de halógeno,
simios plásticos
en una espiral de pulsos.

Divergen
mutan entre las ramas
de un árbol de navidad
abandonado en la autopista,
donde los galgos de metal corren
ansiosos, exacerbados,
en círculos que se repiten
y conforman aros numéricos,
mapas holográficos
de cristales que se doblan.

Pobre ergonautas
tan solos y flexibles
con la morosidad de sus días,
de sus calendarios de azufre
que apestan el trasfondo de los ataudes,
útiles como latas de conservas,
de alimentos que no perecen
y sirven de ruta
a las pequeñas pulsaciones
emitidas por la luz que atraviesa
el polvo en los callejones.

12/6/10

Libros y lectores electrónicos





Primero valdría la pena hacer un par de aclaraciones, en mi particular percepción un lector de libros electrónicos es un dispositivo que sirve para leer archivos diseñados para ser leídos en un aparato con estas características. Por lo tanto, el iPad, celulares, y casi cualquier dispositivo que no cuente con tinta electrónica o eInk no sirve para leer libros electrónicos.

Dicho esto, y aclarando que mi percepción sirve para no discutir lo que es un lector de libros electrónicos quiero contarles mi experiencia con el Amazon Kindle 2. Antes que cualquier otra cosa, he leído una buena cantidad de libros en papel para poder obviar la discusión sobre que clase de lector soy. Dicho esto, podemos pasar a lo divertido.

El Kindle ha mejorado mi experiencia como lector. Con muchas dificultades, en principio por la necedad de las editoriales hispanas de aceptar que hay consumidores para este mercado, me he hecho de una buena cantidad de libros electrónicos (en formato Mobi) para mi Kindle. La procedencia de estos libros, en su gran mayoría, es de otros usuarios que quieren compartir sus versiones electrónicas de los libros que más les gustan. Pensé en enumerar la cantidad considerable de ventajas que tiene usar un Kindle en lugar de tener libros en papel, pero he decidido que la mejor forma es ejemplificarlo de manera gráfica.

1. Infinite Jest de David Foster Wallace. Una gran obra, en todo sentido posible. Junto al mamotreto que me compré está mi pequeño Kindle.



Como el lector bien puede observar. Infinite Jest es un libro de considerable tamaño (imagine usted tratar de leerlo en el transporte público)

2. Por si le queda alguna duda sobre la cantidad de hojas y su consabido peso, he aquí una segunda imagen.


3. Siguiendo la lógica del escéptico, ahora me permitiré mostrar lo que nos interesa, es decir los elementos editoriales del libro. Primero observemos la pantalla del aparato de la edición norteamericana


4. Ahora bien, veamos la pantallita del aparato del diablo.





Como el lector avispado podrá notar, no sólo me ahorré cargar con un libro que pesa casi un kilo. También evité la dramática disminución de espacio en mi mochila y lo incómodo que sería sostener el libro con una sola mano durante mis travesías. Si quiero pensarlo más, de no ser una copia digital no adquirida vía internet (para el papanatas que quiera darme el sermón de la piratería primero averigüen sobre el derecho a una copia para uso personal) me hubiera ahorrado cerca de 5 dólares y en mi caso particular, la ida a cierta librería en Las Lomas que es la única que vende libros en inglés con un catálogo respetable. Si con esto no quedan claras las ventajas de tener un lector de libros electrónicos, le recomiendo seguir acumulando libros, matando árboles, partiéndose el lomo y respirando el polvo que se acumula en sus libreros.

Abur.

14/5/10

¿Estrategia integral?




Leo durante estos días unas cuantas ideas sobre la repartición de los dineros públicos para el fomento cultural en nuestro país. Primero llega Rafael Lemus y dice lo que se tenía que decir hace mucho tiempo, el dinero es poco y está mal repartido. Después Heriberto Yépez le da patadas al pesebre donde duerme cómodamente. Y empieza la polémica otra vez. ¿Si el gobierno está obligado a fomentar la industria de la lectura y los lectores, cómo debe hacerlo? Hace años que el gobierno reparte el dinero entre los creadores. Tenemos becas para jóvenes creadores, para creadores maduros y para creadores por siempre. Después tenemos las becas para revistas culturales, ahora se dice que quizá incluyan las revistas electrónicas y que en lugar de darte el dinero te comprarán ejemplares. En otros casos tenemos el apoyo a coediciones y a editoriales. Sin embargo, nada parece funcionar. Los escritores no escriben más, las revistas no se leen más y las editoriales, excepto aquellas que tienen el mercado garantizado como el libro escolar, no venden más.

Producir productos para un mercado estéril (es decir un mercado que no crece, sólo se sostiene) a la larga disminuye las posibilidades económicas del productor. Asumimos esto en casi todos los productos de supermercado. Pero nos negamos a verlo en el mercado editorial. Las industrias editoriales sanas viven de un mercado que crece y decrece en relación a los productos y estrategias que se le presentan al consumidor. Y quizá aquí viene la pregunta principal, si necesitamos una estrategia integral, ¿ésta tiene que partir desde el aumento de la cuota de mercado o desde el apoyo al productor? El productor está ahí, las revistas, editoriales y escritores siguen naciendo todos los días, se disputan el pequeño nicho que tienen a su alcance y después se consolidan o mueren.

Hoy en día tenemos una superproducción de producto y por superproducción me refiero a que tenemos más producto del que podemos desplazar. Editoriales, revistas van a ferias y librerías y no venden la cantidad necesaria de su producto. Ese producto termina en bodegas, casas o librerías de viejo, para después ser sustituido por otro producto que recorrerá el mismo círculo. No hay mercado suficiente para la cantidad de producto que ya se produce. Si una editorial tiene 500 ejemplares de un título y el círculo de vida de esos 500 ejemplares es mayor al círculo de vida financiera de una editorial, la editorial opera en números rojos o muere. La preocupación más grande, hoy en día, es que los productores reciban más dinero para hacer más y mejores productos. Quizá estamos llamando a la oficina equivocada, quizá estamos pidiéndole al producto más de lo que puede hacer. El gobierno no debería tener la obligación de hacer crecer el mercado, pero para muchos es el mismo gobierno el culpable de la contracción de la industria editorial y, por lo tanto, deberían devolverla al estado en el que la encontraron. Por encontrar quizá habría que viajar 40 o 50 años en el pasado, pero aún así el argumento ahí está.

Ahora entonces, ¿necesitamos un crecimiento en la producción de productos culturales? Sencillamente creo que no, las mismas editoriales sostienen un catálogo estable, donde las novedades aparecen para sustituir a los títulos que ya no circulan de manera adecuada. Necesitamos poder desplazar los productos existentes en el mercado, tenemos que acelerar el ciclo de vida del producto para emparejarnos con las necesidades del productor del mismo. Si para hacer esto hay que considerar agregar a la ecuación expertos en mercadotécnia, publicidad o cualquier otra rama que reconozca en el libro un producto y no un acto de nobleza, quizá sea momento de empezar a considerarlo. Antes de empezar a repartir otra vez el dinero entre los creadores y productores que seguirán llenando sus bodegas, casas o librearías de viejo con un producto que nadie quiere o sabe comprar.

12/5/10

Crear o Destruir




El fútbol es una ciencia. A veces más exacta de lo que parece. Para poder jugar al fúbtol necesitas una pelota. Algunos creen que también necesitas otras personas pero una pared puede servir de compañero, portería o hasta de árbitro, si es necesario. En menos de 30 días el fútbol empezará su gran fiesta, para muchos es el inicio de un calvario ya sea porque les importa demasiado el fútbol o porque les importa muy poco el fútbol. Pero esta fiesta permeará todo. Las conversaciones políticas, amorosas, intelectuales irán poco a poco culminando para dar paso al fútbol y la fiesta del fútbol. 32 equipos, cada uno representado un país, saltarán a una gloria que se abre cada cuatro años y que dura en la memoria de la gente para siempre. Y es ahí dónde la ciencia del fútbol hace sus experimentos más importantes. Como científicos buscan sólo dos cosas, crear o destruir. Algunos equipos como España, jugarán para construir un camino, una forma de alcanzar la gloria, un trofeo que cimbrará economías y estados de ánimo. El ejemplo opuesto siempre es Alemania. Alemania siempre salta a la cancha buscando destruir el camino de otros, para al final levantarse sobre todos los demás con ese trofeo que perpetuará el mito aquel que dice "El fútbol es un deporte con 22 jugadores, una pelota y en el que siempre gana Alemania".

El fútbol es el corazón de las masas, permea todos los sectores sociales y culturales de una nación. Todo mundo tiene una opinión sobre el fútbol. Lo más gracioso es que la misma razón que usan unos para adorar al balón es la misma que usan otros para despreciar la esférica. El fútbol enajena. El fútbol es un circo. El fútbol son 22 idiotas corriendo detrás de un balón. Hay algo alrededor del juego, porque antes que un deporte es un juego, que se concentra en la conciencia del aficionado y desespera el mundo del detractor, por eso se ha sostenido por más de cien años en los corazones de la gente. El fútbol es la posibilidad de ser extraordinario. Algo existe en la forma en la que se le pega a la pelota, en la nobleza del pase a gol, en la furia de una entrada artera, algo que define mejor que la literatura la historia de la humanidad.

En una cancha de fútbol sucede todo al mismo tiempo, la nobleza, el odio, el Prometeo moderno utiliza la 10, el Ícaro del siglo XXI usa la 9, el Cancerbero prefiere la 1. Alemania rinde culto a Nietzsche en la cancha, Brasil fue el Cortázar de otros tiempos y ahora intenta ser el Vargas Llosa. Inglaterra tiene a Bloom dentro y fuera de la cancha, aunque de vez en cuándo un Oscar Wilde se apersona y cambia la estructura del juego. México siempre es Juan Rulfo con su única gran novela y sus ansiosos admiradores esperando un poco más, aunque a veces también es Arreola, lo triste es que nunca se apea como Alfonso Reyes. España fue Galdós mucho tiempo, Góngora, ya casi, ya merito, ahora reflejan esa nueva generación esos Afterpop, esos Nocillos.

El fútbol es la tragedia griega. Es el Quijote, la novela moderna. Hay tanta teoría en 100 años de fútbol como la hay en 100 años de estudios literarios. Algunos lo ven y disfrutan ambas cosas, otros se decantan por una o por otra. Otros no entienden nada de una ni de la otra. Pero en menos de 30 días empieza la FIL del fútbol, la fiesta, la gran fiesta de la humanidad. Todo alrededor de un balón y no de una página escrita.

1/4/10

Poesía Nuclear





1. La poesía Nuclear reconoce la reacción en cadena como su única forma de composición poética.

2. Para la poesía Nuclear las otras formas poéticas son reconocidas como lenguajes paralelos, en cuya conformación no se observa distancia alguna para con la poesía nuclear, sin embargo, claramente comparten la misma materia que permite una correlación de fuerzas en forma de dialogo exponencial que tarde o temprano ubicara estos lenguajes como conjuntos bajo el mismo horizonte.

3. La poesía Nuclear asume toda influencia como un bagaje de nomenclaturas inexpugnables de las referencias sociales, y por ende, culturales de la construcción poética.

4. Para la poesía Nuclear el significado se transforma a través de la interacción entre el símbolo y la lectura. Sin lectura no hay figura y sin la figura la retorica, la construcción poética se desvanece.

5. Los poetas nucleares se consideran asi mismos como tales. Toda asociación de poetas nucleares deberá conducirse en la creación, lejos de las tertulias infructuosas de la poética tradicional y siempre dentro de un dialogo de creación. El poeta nuclear que no escribe, que no produce reacción en cadena, simplemente no existe.

6. La poesía Nuclear reconoce toda manifestación física o espiritual como mecanismo de translación.

7. La poesía Nuclear desdeña toda categorización intelectual de los motivos o elementos de utilizados durante la construcción. Partiendo del principio básico de Incertidumbre, reconocemos que cualquier distorsión de la realidad así como la realidad misma son elementos particulares y no disociativos de la poesía Nuclear.

8. Una reacción dentro de la poesía Nuclear no debe ser medida por sus significantes, por múltiples que estos sean, si no por sus alcances.

9. La poesía Nuclear no reconoce fronteras geográficas, morales o intelectuales.

10. La poesía Nuclear no es una forma narrativa, sin embargo, no desconocemos a la narración como una ubicación poética.

11. La poesía Nuclear reconoce sólo dos formas creativas: la destrucción o la construcción. Sin embargo no niega la existencia de vínculos primarios y vitales entre dichas formas.

12. La poesía Nuclear no teme a las influencias o ejercicios fuera de la denominación de origen. Reconocemos el derecho de todo ejercicio poético, cualquiera que sea su origen o ambición.

13. Para la poesía Nuclear, el objeto poético se desintegra continuamente, por esto reconocemos todos los fragmentos líricos que, diseminados tras dicha desintegración, forman por si mismos una continuidad necesaria. Por beneficiosa o contenciosa que esta resulte para el futuro de toda la poesía en si.

14. Las cuestiones interdisciplinarias no existen al interior de la poesía Nuclear. Reconocemos toda forma de expresiòn como una posible forma retórica y, por lo tanto, el uso de estas formas como herramientas deberá ser juzgado por su resultante nuclear y no por su edificación.

15. La poesía Nuclear no es un club social o antisocial. Cualquier tipo de manifestación en este sentido deberá ser observada con recelo y como un alejamiento a los principios básicos de la poesía Nuclear.

16. La poesía Nuclear reconoce la disparidad y el contraflujo de las fuerzas como un precepto básico. Por lo tanto, la denominación poesía Nuclear no depende de la dirección en que se pretenda desarrollar la poética sino en su resultante final.

17. La construcción de figuras retóricas a través del caos y la disparidad de los conceptos, son elementos de la poesía Nuclear. Desconocemos automáticamente el ordenamiento narrativo como distinción poética.

18. En la poesía Nuclear no hay paradigma o dogma, la interlocución creativa es el único diálogo reconocidos entre las diversas formas de la manifestación poética.

19. La poesía Nuclear no es una postura de descalificación de otras formas de construccion poética, sin embargo, el poeta nuclear es libre de elegir su posición frente a distintos manifestantes y manifestaciones de dichas construcciones, sin que esto sea una adición a la poesía Nuclear o al resto de sus poetas.

20. La poesía Nuclear es un caos que busca proponer, a través de su estética, nuevas formas de reconocer lo real y lo imaginario. Desde esta perspectiva se consolida como una poética y al mismo tiempo exige respeto desde el escaño del lenguaje y sus múltiples expresiones.

21. El poeta nuclear siempre es +/- 1. La poesía Nuclear es un acto de colaboración pero siempre propuesto desde el +/- 1que conforma un principio de adición, más no de disolución.

22. La poesía Nuclear es un acto creativo (ver 11) cuya única forma de consolidación se dará a través de su continua manifestación. El poeta nuclear es el instrumento de estas manifestaciones en lo que se refiere a la ejecución y nunca como un parapeto ideológico. La poesía Nuclear siempre suma al +/- 1, pero nunca resta.

20/3/10

La urgencia de principio de siglo.

Supongo que tiene que ver con la novedad o con la cantidad de información disponible, pero todos los días observo al mundo tratando de definir lo que pertenece a este siglo recién empezado y lo que se quedó en el XX. Supongo que la nomenclatura de las etiquetas se vuelve importante conforme nos vamos asentando en el tiempo.